Como ya es conocido actualmente se está produciendo una profunda reforma del Sistema Educativo en todos sus niveles (primaria, secundaria obligatoria, bachilleratos, ciclos formativos e incluso en el nivel universitario con la creación de múltiples diplomaturas y nuevas licenciaturas) todo ello evidentemente está planteando una nueva situación de la formación profesional e incluso de la configuración de las figuras profesionales en el mercado de trabajo.
La nueva estructura educativa hace desaparecer la Formación Profesional de primer y segundo grado incorporando alguno de sus elementos en el curriculum común de todo el alumnado en los niveles de E.S.O., bachiller y por otro lado estableciendo una serie de Ciclos Formativos de nivel medio y superior que, en cierto modo, vienen a sustituir a la anterior formación profesional e intentar responder de modo más adecuado a las nuevas demandas laborales y profesionales.
Como se puede observar en el cuadro nº 1, página 6, la nueva formación profesional fundamentalmente pasa por los denominados Ciclos Formativos bien de grado medio o de grado superior. En este sentido hay ciertos elementos de formación tecnológica y de preparación para el mundo laboral que se han integrado en el currículum general de todo el alumnado (áreas de tecnología en la E.S.O., en bachilleres, etc.) pero, al margen de la opción universitaria, los Ciclos Formativos son el paso previo para el acceso al mundo laboral.
Estos Ciclos Formativos se han diseñado después de un proceso de colaboración entre el mundo educativo (M.E.C.) y el del empleo (I.N.E.M., expertos de cada sector, etc.) e inicialmente el catálogo de títulos que se han aprobado disponen de una adecuada expectativa de inserción en el mercado de trabajo.
En este sentido el currículum de estos nuevos ciclos está totalmente orientado a la salida profesional que pretenden y no deben cubrir, como en parte sucedía anteriormente en la Formación Profesional, una serie de materias de formación de carácter general (las llamada asignaturas comunes: lengua, formación humanística, etc.); todos los ciclos deben estructurarse con un fuerte componente de formación práctica.
Los nuevos Ciclos Formativos nacen con una clara vocación de adecuarse permanentemente a la realidad del mercado laboral e igualmente de ser un instrumento válido para el mismo, por lo tanto también se ha planteado que se puedan constituir en elementos de reciclaje de los actuales profesionales y se ha previsto una vía de acceso no académica para personas que reúnan una serie de características (edad, experiencia profesional, etc.).
Estos nuevos Ciclos Formativos tienen una orientación terminal, es decir, deben posibilitar el acceso directo al mundo laboral, no obstante, los de tipo superior, también permiten la continuación de estudios en el orden universitario en aquellas carreras afines con la especialidad cursada.
Los nuevos Ciclos Formativos de Nivel Superior son una novedad en nuestro sistema educativo y profesional ya que hasta ahora no había existido ninguna titulación profesional no universitaria que fuera de nivel superior. Tomando como referencia el sistema educativo anterior se podrían equiparar con una formación profesional de tercer grado.
En todo caso, es una propuesta novedosa el que partiendo de un nivel de formación similar (Bachillerato) existan dos vías para acceder al mundo del trabajo con una titulación de nivel superior:
- una vía que lleva a la Universidad (previo examen de selectividad) y cursando tres años da acceso a una Diplomatura Universitaria (por ejemplo la de Diplomado en Educación Social)
- otra vía que cursando un Ciclo Formativo en dos años de acceso a un título profesional de nivel superior no‑universitario (por ejemplo Técnico Superior en Integración Social).
Ello implica en nuestro sector una clara concurrencia de dos tipos de figuras profesionales: los nuevos títulos surgidos de los Ciclos Formativos de Nivel Superior y una serie de diplomaturas universitarias (especialmente la de Educación Social, Trabajo Social, Profesor de Primaria, Terapia Ocupacional, etc.).
En el caso de nuestra familia profesional (Servicios Socioculturales y a la Comunidad) el Ministerio ha definido cuatro nuevos Ciclos Formativos de Grado Superior:
- Técnico Superior en Integración Social
- Técnico Superior en Animación Sociocultural
- Técnico Superior en Educación Infantil
- Técnico Superior en Interpretación de la Lengua de Signos
El primero de ellos es el que, en este curso, ha comenzado su implantación en nuestro centro, aunque posiblemente en los próximos cursos se aborde el de T.S. en Animación Sociocultural y el de T.S. en educación Infantil. El de T.S. en Interpretación de la lengua de Signos se considera poco viable ya que quizás no exista una implantación y campo de trabajo suficiente en una comunidad tan pequeña como la nuestra.
Aunque existía la posibilidad de que alguna de estas profesiones se situaran en el rango de ciclo formativo de nivel medio, el análisis y debate que se produjo en el Grupo de Trabajo que los propuso consideró que el nivel mínimo para este tipo de funciones que genéricamente podríamos catalogar de trabajo socioeducativo con personas y grupos debía ser el de Ciclo Formativo de Nivel Superior.
Este hecho implica una alta valoración inicial del tipo de funciones que se desarrollan en este ámbito profesional, una dignificación de muchas de las figuras profesionales que en ella intervienen y, en definitiva, responde a las aspiraciones que en muchas ocasiones han sido planteadas desde la práctica por los profesionales y también por las propias entidades contratantes.
Igualmente consideramos que esta valoración es algo coherente con la actual estructuración social de este tipo de servicios e incluso con el encargo constitucional de prestación de servicios a ciertos colectivos y genéricamente a la comunidad.
Posteriormente analizaremos las repercusiones profesionales que puede tener esta ubicación en el nivel superior de estas figuras profesionales.
Como se ha indicado anteriormente la duración estimada para estos nuevos Ciclos Formativos es de dos cursos académicos (1.700 horas) estimándose la formación práctica en torno al 50 %..
El hecho de que las personas que cursen estos estudios dispongan de una formación de base adecuada (Bachillerato) permite que el diseño de estos Ciclos se oriente claramente a una formación específica para las tareas que deberán desarrollar en el mundo profesional. En este sentido el alto porcentaje de formación práctica se debe constituir en una herramienta muy valiosa para lograr ese objetivo así como para que exista una adaptación y ajuste permanente a las variaciones del mundo profesional.
En conclusión, aunque inicialmente parezca que los nuevos ciclos formativos tienen una duración formativa menor que la anterior FP II, el nivel inicial de las personas y el diseño de los nuevos ciclos permite lograr una adecuada formación, más concreta y específica y permanentemente ligada a la demanda laboral.
En cuanto al tipo de funciones que deberá desempeñar en el entorno laboral, el carácter general de estas figuras es cubrir una serie de requerimientos del sistema productivo aunque siempre se considera que son figuras que deben actuar bajo la supervisión general de otras figuras de nivel superior (licenciados o Diplomados).
Una descripción más detallada de las competencias generales que el Ministerio ha estimado para cada uno de estos Ciclos se puede encontrar en los cuadros que se adjuntan (paginas 7 y 8).
Al margen de la terminología concreta que ha empleado el Ministerio para definir cada uno de estos nuevos Ciclos Formativos, inicialmente y tan sólo con objeto de explicitar mejor la tipología de estas nuevas figuras profesionales nos hemos permitido agruparlas en un único bloque de tal modo que sobre ellas genéricamente podemos señalar que:
- Son un conjunto de figuras profesionales que vienen a atender un variado repertorio de funciones que básicamente podemos caracterizar como de intervención directa socio-educativa o lo que es lo mismo se ubican en el terreno de la atención directa a personas y grupos.
Son profesionales que directamente están implicados en el trabajo que diversas instituciones desarrollan con muy diversos colectivos (infancia-juventud, discapacitados, minorías étnicas, drogodependencias, justicia, tercera edad, etc.)
- Como dice el diseño del Ministerio “este técnico actuará, en todo caso, bajo la supervisión general de Arquitectos, Ingenieros o Licenciados y/o Arquitectos Técnicos, Ingenieros Técnicos o Diplomados”; por lo que podemos entender que siempre actúan en el marco de una programa ya establecido y bajo la supervisión de otras figuras de nivel superior..
Creemos que no es de su competencia el establecer el diseño de una entidad ni tampoco el de la programación general del trabajo ya que éstas serán funciones de esas otras figuras de nivel superior con las que debe trabajar.
- Debe disponer de la suficiente formación para poder insertarse adecuadamente en la programación establecida y a su vez, desde ese marco, ser capaz de concretarla y desarrollarla, ser agente directo de su aplicación y también servir de elemento participante en las tareas de recogida de información, evaluación, etc..
- Dado el carácter de sus funciones y desde la perspectiva anteriormente citada, debe disponer de una sólida formación en todo aquello que constituye la práctica de la intervención socioeducativa, en definitiva saber situarse ante las personas, comprender el hecho humano individual y grupal, las características de las personas y colectivos con los que va a intervenir, las técnicas y recursos a emplear, etc.
En conclusión creemos que se configuran unas figuras profesionales que bien podríamos denominar como Educadores de Base que deben disponer de la capacitación suficiente para desarrollar el trabajo de intervención directa socioeducativa si bien en el marco de instituciones y programas ya establecidos y que deberán estar bajo la supervisión de otras figuras profesionales de nivel superior.
Esta configuración de las tareas a asumir por estos profesionales implica un claro encargo formativo en la dirección señalada de capacitarles para la intervención socioeducativa pero también concreta mucho la tipología de formación, en este sentido creemos ésta no debe asumir una preparación muy especializada en políticas sociales, capacidad de diseño de programas generales de intervención, prospectiva y análisis social, etc., ya que, en todo caso, deberán ser capaces de insertarse en programas ya establecidos y saber trabajar eficazmente con otro tipo de profesionales que serán los que asuman esas tareas desde una formación de orden superior.
Creemos que existe un perfil formativo básico, consistente en lo que anteriormente hemos señalado como: saber situarse ante las personas, comprender el hecho humano individual y grupal, las características de las personas y colectivos con los que va a intervenir, las técnicas y recursos a emplear, etc., y que todo ello es común a cualquier área o ámbito de intervención en el que finalmente desarrollen su trabajo en definitiva que sean profesionales de la educación (aunque sea con ese carácter de educación de base).
No obstante, en el desarrollo de su formación, se pueden articular una serie de medidas formativas que permitan una mayor adecuación a aquellas áreas de trabajo en las que se detecte una mayor demanda profesional e incluso (especialmente mediante la realización de prácticas) que cada alumno-a pueda orientar su currículum de una manera más precisa hacía algún área concreta.
Aunque pueda parecer que hablamos de nuevas figuras profesionales el análisis de la práctica en este sector quizás nos podría revelar cómo realmente ya existe un amplio conjunto de profesionales que desarrollan esa tipología de funciones (cuidadores, monitores, técnicos, educadores, etc.) que perfectamente podríamos considerar como el sector profesional al que hacen referencias estas nuevas titulaciones.
No obstante, también debemos reseñar que existe otro tipo de figuras e incluso un movimiento profesional, como es el de los educadores especializados y/o educadores sociales que actualmente, tras muchos años de perseguir ese objetivo, ya están configurados como Diplomados Universitarios y que igualmente desarrollan una intervención socioeducativa, la mayoría de las veces de carácter directo.
En consecuencia creemos que se debe analizar el impacto que esta nueva realidad de la formación profesional puede tener en el ámbito real de intervención, en las actuales figuras profesionales que en él intervienen, las consecuencias profesionales e incluso laborales que todo ello puede tener, etc.,
Nuestra posición en este sentido es que :
- Creemos que realmente existe el espacio profesional para estas nuevas figuras ya que se corresponde con el amplio espectro de figuras que ya están interviniendo en las diversas instituciones y servicios socioeducativos e incluso sociosanitarios.
- Obviamente esta nueva concepción implica una dignificación de la configuración profesional que ese colectivo profesional tiene y que en muchas ocasiones, no acaba de estar bien reconocida, existen carencias de formación, etc.,
- Ante este hecho, ciertas opiniones plantean que estas nuevas figuras, ubicadas en un nivel superior, puede suponer un encarecimiento de la contratación de estos profesionales y consecuentemente de los servicios que se prestan.
Ante esta “impugnación” creemos que si a las funciones que deben desarrollar les damos la valoración que en nuestra opinión merecen (nivel superior), no podemos plantear otro nivel para las figuras profesionales que las desempeñan y en este sentido, no deberíamos opinar sobre el costo económico de tal valoración.
No obstante, consideramos que el tema del costo económico de una figura profesional no tiene una relación tan directa, como en ocasiones se supone, con el nivel de su formación académica. No debemos olvidar que salvo la Administración, que está en ocasiones obligada a establecer el salario de acuerdo a la titulación pedida en la contratación, el resto de las entidades no tiene que seguir ese criterio.
Igualmente debemos ser conscientes de que cada vez más existe una tendencia a privatizar la gestión de este tipo de servicios por lo que la incidencia de ese requerimiento que vincula el salario a la titulación es cada vez menor.
Y finalmente creemos que el costo, el salario, de una figura profesional es un tema que se regula por las fuerzas del mercado de trabajo (por la oferta y la demanda), por las regulaciones sindicales y laborales, etc., y, por tanto, aunque en algo incida el nivel académico de la formación requerida, ello no debería ser un argumento decisivo que impidiera el desarrollo de una formación y unas figuras profesionales que la realidad profesional está demandando.
En conclusión pensamos que el componente de dignificación y optimización de las funciones que actualmente se está realizando es un beneficio social al que no se debe renunciar por posiblemente infundados temores a un automático incremento de los costes salariales.
- Puede existir una aparente colisión en el orden laboral con la figura del Diplomado en Educación Social y es un tema que se debe resolver adecuadamente. En este sentido creemos que no es realista pensar que en el nivel actual de desarrollo de nuestra sociedad todas las figuras profesionales que intervienen en este sector puedan tener el rango de diplomatura, de hecho, si vemos la configuración que en otros países existe, se puede apreciar la existencia de, al menos dos tipos de figuras: el educador especializado (nivel superior y/o universitario) y el llamado monitor-educador (de nivel inferior al anterior).
Sin entrar ahora a plantear con detalle cómo afectará esta nueva situación al perfil profesional de la diplomatura en Educación Social, creemos que existe un amplio margen para la figura del Diplomado en Educación Social desarrolle su perfil de figura de intervención socioeducativa e incluso de intervención directa ya que no todos los ámbitos (atendiendo a la complejidad de la tarea) podrán ser cubiertos con las nuevas figuras surgidas de los ciclos formativos y en el resto, no sólo es factible sino necesaria la concurrencia de estos diplomados-as ya que al menos inicialmente, debe ser una de las figuras de nivel superior con las que van a desarrollar en equipo sus funciones.