El concepto de educador de base

             Tomando como punto de partida la existencia por un lado en la universidad de figuras de referencia, como son la las diplomaturas en Educación Social y de Magisterio en Educación Infantil y por otro la realidad de un sector profesional con muy diversas situaciones pero mayoritariamente sin una cualificación y/o reconocimiento claro de las realidades profesionales, ubicamos esta nuevas figuras atendiendo a algunos criterios:

      -          Orientadas hacia los puestos de trabajo realmente existentes.

-          Orientadas hacia el desempeño de tareas de intervención directa socioeducativa y, por tanto, enfocando la formación para que desempeñen su tarea en instituciones que ya existen y que ya disponen de una programación propia.

-          Reformulando como propias del campo educativo el desempeño de las mal llamadas “tareas asistenciales” o de cuidado y apoyo personal.

             Así, al margen de la terminología concreta que ha empleado el Ministerio para definir cada uno de estos Ciclos Formativos, inicialmente y tan sólo con objeto de explicitar con carácter general la tipología de estas figuras profesionales las agrupamos bajo una denominación común que hemos convenido en llamar “educador/a de base” (E.B.) y así consideramos que: 

-     Son un conjunto de figuras profesionales que vienen a atender un variado repertorio de funciones que básicamente podemos caracterizar como de intervención directa socio-educativa o lo que es lo mismo se ubican en el terreno de la atención directa a personas y grupos.

       Son profesionales que están directamente implicados en el trabajo que diversas instituciones desarrollan con muy diversos colectivos (infancia-juventud, discapacitados, minorías étnicas, drogodependencias, justicia, tercera edad, educación infantil, etc.)

       Saben intervenir respetando la dignidad de las personas y cumpliendo los fines de la institución en que desempeñan su labor.

 -     Como dice el diseño del Ministerio “este técnico actuará, en todo caso, bajo la supervisión general de Arquitectos, Ingenieros o Licenciados y/o Arquitectos Técnicos, Ingenieros Técnicos o Diplomados”; por lo que podemos entender que siempre actúan en el marco de una programa ya establecido y bajo la supervisión de otras figuras de nivel superior..

       Creemos que no es de su competencia el establecer el diseño de una entidad ni tampoco el de la programación general del trabajo ya que, en todo caso, estas serán funciones de esas otras figuras de nivel superior con las que debe trabajar.

Esto nos permite ajustar y centrar de modo muy concreto la formación al no tener que abordar aspectos implicados en esas tareas generales y así no debe asumir una preparación muy especializada en políticas sociales, capacidad de diseño de programas generales de intervención,  prospectiva y análisis social, etc., y por tanto poner el énfasis en el trabajo a partir de un marco ya existente.

-     Debe disponer de la suficiente formación para poder insertarse adecuadamente en la programación establecida y a su vez, desde ese marco, ser capaz de concretarla y desarrollarla, ser agente directo de su aplicación y también servir de elemento participante en las tareas de recogida de información, evaluación, etc.. 

-          Dado el carácter de sus funciones y desde la perspectiva anteriormente citada, debe disponer de una sólida formación en todo aquello que constituye la práctica de la intervención socioeducativa, en definitiva saber situarse ante las personas, comprender el hecho humano individual y grupal, las características de las personas y colectivos con los que va a intervenir, la complejidad de las problemáticas sociales, las técnicas y recursos a emplear, etc. En definitiva saben establecer una buena comunicación y relación  con los individuos y/o grupos. 

-          Comprenden la importancia y el valor social y educativo de las tareas de cuidado personal a los individuos y, en consecuencia, también disponen de una adecuada formación para colaborar en las mismas.

             En conclusión creemos que estas características generales configuran unas tipología compartida por estas figuras profesionales que, en cierto modo, permite situarlas en un terreno “intermedio” entre las titulaciones universitarias y la realidad concreta del sector profesional y, en esa medida, confiamos en que sirva de instrumento de articulación profesional.

             No obstante cada figura tiene sus propias especificidades y así lo desarrollaremos posteriormente con mayor precisión, aunque ahora podemos realizar un avance respecto a la relación de este concepto de E.B. respecto a las diversas formaciones desarrolladas en nuestro centro.

 

El concepto de E.B. y el ciclo de Técnico Superior en Educación Infantil.    

            Como se ha señalado inicialmente existe una cierta concurrencia y/o competencia entre el Técnico Superior en Educación Infantil con la diplomatura de Maestro en Educación Infantil.  

            No obstante este sector actualmente empieza a estar regulado formalmente y así se establece mediante legislación que tipo de profesionales pueden intervenir en ciertos sectores, si bien fundamentalmente se centra en las Escuelas Infantiles.      

            En todo caso, aunque ambas formaciones habilitan inicialmente para la intervención en el tramo de edad de 0 a 6 años,  la orientación fundamental que damos a esta formación está centrada básicamente en el tramo 0-3 años y, al menos de momento, los estudios de diplomatura se suelen orientar más claramente al tramo más “escolar” del 3-6.  

            Creemos que esa especialización en el tramo 0-3, la duración de la formación (2.000 horas) casi similar a la de la diplomatura, el componente práctico de la formación, etc. permite sustentar que esta es una figura de calidad para este sector y que, por tanto, no tienen mucho sentido algunas impugnaciones que plantean que se valora poco ese ámbito de intervención al permitir que en el mismo intervengan figuras de la formación profesional y no se limite el campo, como en el resto de tramos educativos y escolares, a figuras como la de diplomatura o licenciatura. 

            En todo caso, desde la apuesta por la calidad y validez de esta figura, en este sector (al menos en lo referente a las Escuelas Infantiles) será la regulación legal la que determinará la articulación entre las figuras que intervienen.

 El concepto de E.B. y los ciclos de Técnico Superior en Integración Social y en Animación Sociocultural.

             De forma similar en estos dos ciclos la concurrencia y/o competencia se establece, al menos en el orden laboral, con la Diplomatura en Educación Social y  es un tema que, atendiendo a nuestra propia historia,  queremos resolver adecuadamente.

             En este sentido, como se ha comentado, creemos que no parece realista pensar que en el nivel actual de desarrollo de nuestra sociedad sector se vaya a plantear que todas las figuras profesionales que intervienen en el tengan ese rango de diplomatura, de hecho, si vemos la configuración existente en otros países, se puede apreciar la presencia de, al menos, dos tipos de figuras: el educador especializado (nivel superior y/o universitario) y el llamado monitor-educador (de nivel inferior al anterior). 

            Sin entrar ahora a plantear con detalle cómo afecta esta nueva situación al perfil profesional de la diplomatura en Educación Social, creemos que existe un amplio margen para la figura del Diplomado en Educación Social desarrolle su perfil de figura de intervención socioeducativa e incluso de intervención directa ya que no todos los ámbitos (atendiendo a la complejidad de la tarea) pueden ser cubiertos con las figuras surgidas de los ciclos formativos y en el resto, no sólo es factible sino necesaria la concurrencia de estos diplomados-as ya que al menos inicialmente, debe ser una de las figuras de nivel superior con las que van a desarrollar en equipo sus funciones. 

            Otro aspecto importante que tomamos en consideración es que la universidad ha unificado en un único concepto (educador social) lo que anteriormente se consideraban corrientes profesionales diferentes como la educación especializada y la animación sociocultural, e incluso en cierto sentido a la educación de adultos. En definitiva plantea una única figura de intervención socioeducativa que toma como campo de acción todo aquello que se desarrolla fuera del marco escolar o, por decirlo de otro modo, la educación no formal. 

            El diseño de los ciclos propone dos figuras diferentes (integración social y animación sociocultural) y ante ello también debemos situarnos y así tomamos en consideración: 

-          La concepción unitaria de la profesión por parte de la universidad responde en muchos sentidos a la evolución que esas corrientes profesionales habían realizado y así: 

·        la práctica de la Educación Especializada, que nació vinculada a la  intervención en el campo de la inadaptación social, se había ido ampliando a ámbitos preventivos e incluso de la promoción social.

·        la práctica de la ASC había generado un ámbito propio como el de la Gestión Cultural que, en muchas ocasiones, se desvinculaba de la intervención directa con personas y grupos así como planteaba unos requisitos formativos (capacidad de gestión, conocimiento de las tendencias  y políticas culturales, etc) que le hacían tener un perfil propio que, aunque dentro de la ASC, presentaba características propias y diferentes del profesional de la ASC que intervenía en la base con las personas, grupos y comunidades.

·        Así mismo, en el ámbito de la atención directa dentro de la ASC, que inicialmente se vinculaba con la intervención con población “normalizada” era evidente que se debían enfrentar también a muchos aspectos propios de la inadaptación social al estar ésta presente dentro de la llamada “normalidad”. En este sentido también se producía un hecho laboralmente relevante y es que era más fácil encontrar contrataciones de estas figuras cuando en su campo de intervención existían esos grupos de riesgo o manifestaciones de dificultad social que cuando era en entornos plenamente normalizados. 

En definitiva se había producido, en la práctica, un acercamiento entre ambas corrientes profesionales y por tanto la opción de unificar ambas corrientes en una sola que ha realizado la Universidad tiene un sentido conceptual propio. 

-          En todo caso creemos que la existencia de esa posición en la Universidad, paulatinamente irá forjando un modo de entender genéricamente la profesión de educador/a y, en este sentido, pensamos que es igualmente factible y favorable englobar a estos dos títulos profesionales dentro de una única denominación como la del educador de base para así poderlas situar y articular de mejor modo en el sector profesional entendiéndolas más como especializaciones o señas particulares de identidad y no como profesiones diferentes; en todo caso como el correlato de la figura de educador social dentro de la formación profesional. 

-          El análisis del sector profesional nos indica que, al menos en Navarra, no se tiene un conocimiento adecuado por parte de las instituciones respecto a una profesión como la del ASC y, en este sentido, se la asocia de forma muy restrictiva a los campos de intervención con población normalizada y habitualmente en recursos de tipo cultural. Así entendida no es muy factible una inserción laboral suficiente de esta figura en nuestra comunidad. 

-          Consideramos que, dentro de los diversos modos de concebir la ASC, es factible entenderla también en el sentido de una metodología transversal de intervención y que eso permite caracterizar a esta figura de forma más nítida como un tipo de profesional que puede intervenir en los mismos ámbitos que se le atribuyen al educador social y, en consecuencia, también a la figura de Integración Social. 

-          Igualmente, analizando lo que diversas instituciones nos manifiestan respecto a la tipología de profesionales que necesitan, apreciamos que dan un valor muy elevado a la consideración de que sean personas capaces de situarse en situaciones de conflicto, intervención con personas en situación de inadaptación social. 

De igual modo observamos que dan poco valor a que sean personas capaces de proponer modelos y técnicas de intervención ya que, incluso en recursos inicialmente propios del campo de la ASC, confían en los diseños que como institución han realizado y en los que creen fácil insertar a un nuevo profesional, aunque no tanto dotarle de esa capacidad ante las dificultades.      

En este sentido, quizá por la particular historia de la profesión en nuestra comunidad y sin partir de ningún análisis riguroso, atribuyen esas características deseadas a la denominación de Integración Social y no tanto a la de ASC. 

            En consecuencia y como ya se ha comentado, planteamos el desarrollo de esa única denominación de educador de base para ambas formaciones considerándolas como especializaciones o señas particulares de esa identidad y no como profesiones diferentes, de tal forma que las definimos del siguiente modo: 

-          La orientación de la formación de TSIS tiene como referente fundamental el intervenir individualmente con personas.

-          La orientación de la formación de TSASC tiene como referente fundamental el intervenir con grupos e incluso con comunidades.

-          Las personas que cursan cualquiera de esas formaciones se sienten parte de una única profesión y de este modo se evitan estériles pugnas corporativas entre ellas. 

            Esta caracterización genérica de la orientación formativa tan sólo tiene un carácter orientativo ya que, la figura de TSIS para poder intervenir con individuos debe tener en cuenta que éstos pertenece a una familia, grupos de amistades, grupos diversos así como se insertan en una comunidad y por tanto incluir esos aspectos en la formación. 

            Del mismo modo la orientación formativa atribuida a la figura del TSASC también debe disponer de los recursos formativos para poderse situar ante el hecho de que los grupos y comunidades están constituidos por personas individuales con sus peculiares características y también es algo que debe incorporar su formación.       

El concepto de E.B. y el ciclo de Técnico de Grado Medio en Atención Sociosanitaria

             La aparición posterior de este nuevo ciclo, que interviene básicamente en el sector de la personas mayores y especialmente con personas en situación de dependencia, ubicado dentro del grado medio fue un hecho que debemos reconocer que no era de nuestro agrado, al menos en lo que puede indicar respecto a que la valoración social de esta figura profesional.

            Al ubicarla como de grado medio, a pesar de dotarla de 2.000 horas de formación, considerábamos que socialmente se podía entender que era una figura profesional “menor” o a la cual se podía acceder con una menor edad y formación que a los ciclos formativos de nivel superior y, en consecuencia parece manifestar que cualquiera puede desarrollar esas funciones y/o que no tienen una adecuada valoración social. 

            No obstante, esta formación y especialmente esta profesión es una realidad social relevante, que agrupa a muchas personas y, en definitiva, algo ante los que también debemos situarnos. 

            Nuestro centro imparte actualmente esta formación pero, al menos de momento, hemos logrado que esa oferta sea sólo para aquellas personas que ya están ejerciendo la profesión y que mediante una fórmula singular la puedan cursar de modo compatible con su trabajo. 

            Respecto a la valoración que hacemos de esta figura, la queremos considerar como parte de esa denominación común de educador de base, ya que creemos que su tarea es la de una figura educativa de intervención directa con toda la complejidad que eso plantea. No obstante debemos hacer la restricción de que son una figura de educador/a de base que ubica y limita su intervención en un único ámbito del sector profesional y no, como puede plantearse en los ciclos superiores de IS y ASC, que engloban muchos más ámbitos de intervención. 

            Esta consideración como E.B. creemos que es coherente con el objetivo de dignificar el sector profesional así como para evitar colisiones innecesarias entre figuras educativas.

Implicaciones profesionales

             Aunque pueda parecer que hablamos de nuevas figuras profesionales el análisis de la práctica en este sector nos indica que, junto a las figuras profesionales que surgen de la universidad, existe un amplio conjunto de profesionales que desarrollan esa tipología de funciones (cuidadores, monitores, técnicos, educadores, etc.) que perfectamente podríamos considerar como el sector profesional al que hacen referencias estas nuevas titulaciones. 

            En consecuencia creemos que se debe analizar el impacto que esta nueva realidad de la formación profesional tiene en el ámbito real de intervención, en las actuales figuras profesionales que en él intervienen, las consecuencias profesionales e incluso laborales que todo ello puede tener, etc., 

            Nuestra posición en este sentido es que : 

-     Creemos que realmente existe el espacio profesional para estas nuevas figuras ya que se corresponde con el amplio espectro de figuras que ya están interviniendo en las diversas instituciones y servicios socioeducativos e incluso sociosanitarios.

 -     Obviamente esta nueva concepción implica una dignificación de la configuración profesional que ese colectivo profesional  tiene y que en muchas ocasiones, no acaba de estar bien reconocida, existen carencias de formación, etc.,  

-     Ante este hecho, ciertas opiniones plantean que estas nuevas figuras, ubicadas en un nivel superior, puede suponer un encarecimiento de la contratación de estos profesionales y consecuentemente de los servicios que se prestan.

       Ante esta “impugnación”  creemos que si a las funciones que deben desarrollar les damos la valoración que en nuestra opinión merecen (nivel superior), no podemos plantear otro nivel para las figuras profesionales que las desempeñan y en este sentido, no deberíamos opinar sobre el costo económico de tal valoración. 

       No obstante, consideramos que el tema del costo económico de una figura profesional no tiene una relación tan directa, como en ocasiones se supone, con el nivel de su formación académica. No debemos olvidar que salvo la Administración, que está obligada a establecer el salario de acuerdo a la titulación pedida en la contratación, el resto de las entidades no tiene que seguir ese criterio.      

       Igualmente debemos ser conscientes de que cada vez más existe una tendencia a privatizar la gestión de este tipo de servicios por lo que la incidencia de ese requerimiento que vincula el salario a la titulación es cada vez menor.      

       Finalmente creemos que el costo, el salario, de una figura profesional es un tema que se regula por las fuerzas del mercado de trabajo (por la oferta y la demanda), por las regulaciones sindicales y laborales, etc.,  y, por tanto, aunque en algo incida el nivel académico de la formación requerida, ello no debería ser un argumento decisivo que impidiera el desarrollo de una formación y unas figuras profesionales que la realidad profesional está demandando.      

       En conclusión pensamos que el componente de dignificación y optimización de las funciones que actualmente se está realizando es un beneficio social al que no se debe renunciar por posiblemente infundados temores a un automático incremento de los costes salariales.   

En todo caso si socialmente se quiere una adecuada calidad este tipo de servicios y por tanto una intervención de calidad de estos profesionales un elemento que se debe tener claramente en consideración es dotarles de una adecuada remuneración que permita afrontar las múltiples dificultades que este tipo de profesionales deben abordar.

 

El reto del futuro

             Como se ha expuesto anteriormente, existen diversos elementos que debemos tener en cuenta de cara al próximo futuro de estas formaciones e incluso del propio sector profesional: 

-          La propuesta de reforma de las enseñanzas superiores en Europa (Encuentro de Bolonia) que puede modificar las titulaciones en ese nivel e incluso permitir un acceso diferente desde la formación profesional a las mismas.

-          La creación de un Catalogo Nacional de Cualificaciones Profesionales que va a incidir en la reforma de los actuales títulos de la formación profesional y que puede modificar los actuales y posiblemente la aparición en esta familia profesional de nuevos títulos tanto de grado medio como superior.

       En este sentido el título de reciente creación de Técnico de Grado Medio en Atención Sociosanitaria es un indicador de esa tendencia.

-          La propia evolución y madurez del sector profesional y así el ámbito de la educación infantil se está regulando paulatinamente y en el de los servicios sociales y culturales las políticas de externalización de servicios por parte de la administración está configurando la existencia de empresas y entidades que prestan esos servicios y que consideran como elemento central la calidad de sus equipos profesionales. 

            Creemos que lo expuesto anteriormente incorpora elementos que pueden permitir situarse ante estas nuevas realidades, aunque consideramos que debemos continuar en el análisis del sector y de la formación para afrontarla de mejor manera. 

            En este sentido queremos abordar el diseño de cuáles puede suponer las características mínimas que debe cubrir una profesión para considerarla como educativa (o profesión de ayuda) para así delimitando lo troncal de la intervención socioeducativa podamos ir avanzando en qué otras características, saberes y/o habilidades puede tener una figura profesional para así poder hablar de diferentes perfiles profesionales dentro del campo genérico del “educador/a”  con el doble objetivo de: 

-          Ajustar mejor los requerimientos formativos de los diferentes perfiles,

-          Generar un espacio común entre los diversos perfiles y evitar estériles pugnas corporativas.