Algunas
consideraciones sobre la atención
educativa al alumnado con transtorno
por déficit de atención
con hiperactividad (TDA-H)
Javier
Royo Moya - Psiquiatra (Unidad
Infanto Juvenil)
Carlos
Ollo Oscáriz - Orientador
CREENA (Módulo de Conducta
y Superdotación)
ATENCIÓN
EDUCATIVA AL ALUMNADO CON TRASTORNO
POR DÉFICIT DE ATENCIÓN
CON HIPERACTIVIDAD
PARTE
PRIMERA: ASPECTOS MÉDICO-FARMACOLÓGICOS
EL PROBLEMA
CLINICO
El
trastorno de déficit de atención
/hiperactividad (TDAH) se caracteriza por
la incapacidad para prestar atención
y mantenerla, adaptar el nivel de actividad
y moderar las acciones impulsivas.
Esta incapacidad da lugar a conductas
inadaptadas que no se corresponden
con la edad ni con el nivel de desarrollo.
Los datos provenientes de estudios
neuropsicológicos
y farmacológicos, así como
de técnicas de diagnósticos
por imagen del cerebro, implican a los
sistemas de neurotransmisores de la dopamina
y la noradrenalina localizados en el circuito
frontoestriado en la fisiopatología
del trastorno. Los factores genéticos
parecen desempeñar un papel importante.
Un peso extremadamente bajo al nacer (menor
de 1000 g.) y ciertas condiciones medioambientales,
como los traumatismos craneales y la exposición
al plomo, se asocian también con
síntomas de TDAH.
Para
diagnosticar un TDAH es necesario identificar
conductas específicas que cumplan
los criterios de la cuarta edición
revisada del Manual Diagnóstico
y Estadístico de los Trastornos
Mentales. (DSM-IV-R) (Ver página
2). Se pueden diagnosticar tres tipos de
TDAH; trastorno combinado con déficit
de atención, hiperactividad e impulsividad
(aproximadamente el 80% de los pacientes);
predominio del déficit de atención
(aproximadamente del 10% al 15%); y
predominio de la hiperactividad y la
impulsividad (aproximadamente el 5%). Se
calcula que la prevalencia del TDAH es
del 3% al 7% de todos los niños.
Es más frecuente en los niños
que en las niñas (la proporción
varía, en función de la población
estudiada, entre 9:1 y 2,5:1), si bien
cada vez se identifican más casos
de niñas afectadas. El TDAH es una
enfermedad crónica y sus síntomas
persisten durante toda la vida.
ESTRATEGIAS
Y EVIDENCIAS CIENTIFICAS
Diagnóstico.
En
todos los niños, en alguna etapa
de su proceso de desarrollo, surge la capacidad
para prestar atención, regular la
actividad y controlar los impulsos. Por
ello, el diagnóstico de TDAH se
basa en una historia clínica completa
en la que se indague sobre los síntomas
específicos para el diagnóstico,
el contexto en el que aparecen dichos síntomas,
su grado de discordancia con la edad
y el deterioro que causa su nivel de
persistencia.
Los
datos sobre la sintomatología se
obtienen directamente del niño,
sus padres y sus profesores. Existen multitud
de escalas que tratan de medir los posibles
síntomas de TDAH (escalas de Conners,
ADHD-RS, SNAP…). Todas ellas se
basan en puntuar la presencia o no de síntomas
TDAH derivados de los criterios del DSM-IV-R.
El TDAH tiene tres síntomas básicos:
hiperactividad, impulsividad y falta de
atención, identificados en el
DSM-IV de la siguiente manera:
Items
de hiperactividad-impulsividad
Inquietud, se mueve en el asiento
Se levanta cuando debería
estar sentado
Corre y salta en situaciones inapropiadas
Dificultad para jugar tranquilamente
Excitado a menudo, "como una
moto"
Verborrea
Responde antes de que finalice
la pregunta
Dificultad para guardar el turno
en actividades de grupo
Interrumpe a otros en los juegos,
conversaciones, etc
Items
de inatención
No atiende detalles, comete errores
Dificultad para mantener la atención
Sordera ficticia
No sigue instrucciones, no termina
las tareas
Dificultad para organizarse
Evita tareas que requieren esfuerzo
continuado
Olvida y pierde cosas necesarias
para su actividad
Fácil distraibilidad por estímulos
externos
Olvidadizo en las actividades diarias
El
TDAH tiene predominio de hiperactividad
/ impulsividad cuando se detectan 6 o más ítems
de hiperactividad / impulsividad y menos
de 6 ítems de inatención.
El
TDAH tiene predominio de inatención
cuando se detectan 6 o más ítems
de inatención y menos de 6 ítems
de hiperactividad / impulsividad.
Se
considera un TDAH combinado cuando se detectan
6 o más ítems de hiperactividad
/ impulsividad y 6 o más ítems
de inatención.
En
cualquier caso, todos estos ítems
deben persistir más de 6 meses,
en dos o más lugares (colegio,
casa, etc).
Las
conductas del TDAH pueden solaparse o coexistir
con las de otros trastornos mentales. Los
más frecuentes son los trastornos
del aprendizaje y el lenguaje, el trastorno
negativista desafiante, los trastornos
de conducta, la ansiedad y la depresión,
así como los trastornos bipolar,
por estrés postraumático,
de tics y de adaptación.
Ningún
hallazgo físico es diagnóstico
del TDAH ni se efectúan análisis
de laboratorio de forma sistemática.
Los tests de progreso, inteligencia y trastornos
específicos del aprendizaje pueden
ser útiles para el diagnóstico
diferencial y la planificación de
las actividades escolares; dichos tests
deben efectuarse mediante evaluaciones
en el ámbito escolar o mediante
derivación a un psicólogo.
Los tests de rendimiento informatizados
o manuales para evaluación de la
atención y la impulsividad no son
diagnósticos del TDAH.
Tratamiento
del Paciente.
Los
objetivos del tratamiento del TDAH son
los siguientes:
Mejorar o anular
los síntomas-guía
del TDAH
Reducir o eliminar
los síntomas
asociados
Mejorar las
consecuencias del TDAH: aprendizaje,
lenguaje, escritura, relación
social, actitud en el entorno
familiar, etc.
Las
tres bases imprescindibles del tratamiento
son:
Información
exhaustiva a padres y profesores.
Tratamiento
psicopedagógico.
Tratamiento
farmacológico.
El
tratamiento farmacológico es imprescindible
en 7 de cada 10 niños con TDAH,
y tiene que individualizarse en cada niño,
identificando la dosis mínima eficaz
y bien tolerada por el mismo. Aunque hay
otras alternativas farmacológicas,
el tratamiento habitual es mediante psicoestimulantes,
que mejoran la liberación de noradrenalina
y dopamina.
Intervenciones
farmacológicas
Metilfenidato
(Concerta®, Rubifén®)
Existen
pruebas fehacientes que avalan el uso de
fármacos estimulantes (metilfenidato)
para el tratamiento de la falta de atención,
la impulsividad y la hiperactividad en
los niños de edad escolar. Los estimulantes
demostraron de forma sistemática
su eficacia y seguridad cuando se compararon
con un placebo en ensayos aleatorizados
y controlados.
Dos
estudios resultan especialmente informativos:
En el estudio
sobre el “tratamiento
multimodal del TDAH” participaron
597 niños de seis centros,
a los que se siguió durante
24 meses.
En el “estudio de Abikoff
y cols”, participararon
103 niños de dos centros,
a quienes se asignó aleatoriamente
a recibir tratamiento durante
24 meses.
En
ambos estudios los participantes tenían
entre siete y nueve años de edad
y se realizaron intervenciones farmacológicas
y psicológicas aleatorizadas. Los
dos estudios evaluaron los resultados conductuales
en el hogar y en la escuela. De forma coherente
con estudios anteriores más reducidos,
en estos ensayos se observó que
ente el 68% y el 80% de los niños
tratados con estimulantes presentaban mejorías
en la conducta de tal grado que al final
de la fase de tratamiento ya no cumplían
los criterios diagnósticos de TDAH.
En el estudio sobre el tratamiento multimodal
del TDAH los beneficios terapéuticos
se redujeron una vez que los niños
completaron la fase activa del estudio,
en tanto que en el estudio de Abikoff
y cols. los beneficios se mantuvieron
durante los 24 meses de tratamiento.
MITOS VS
REALIDADES EN EL TDAH
El
TDAH no existe, es un invento de la Psiquiatría
norteamericana para etiquetar niños
difíciles.
El
TDAH, aunque ha recibido distintos nombres
desde su primera descripción hecha
hace más de 100 años, es
una entidad clínica reconocida como
tal desde hace más de 50 años.
En 1998 la American Medical Association
lo describió como "uno de los
trastornos mejor estudiados en medicina,
en el que los datos globales sobre su validez
superan a los de muchas enfermedades",
y la Organización Mundial de la
Salud, en su documento "Caring for
children and adolescents with mental disorders" (2003)
lo identifica como un trastorno poco conocido
y con importantes repercusiones económicas
en el cuidado de la salud infantil, negado
hasta fechas recientes debido al no reconocimiento
de la existencia de una vida mental propia
en la infancia. Frente a la frecuente alusión
a la ausencia de pruebas médicas
para su diagnóstico (de laboratorio,
de imagen, etc.) como prueba de su inexistencia,
debe recordarse que más de la mitad
de las enfermedades carecen de pruebas
de este tipo para su confirmación,
entre las que se puede citar la enfermedad
de Alzheimer, las migrañas, varias
formas de meningitis o la mismísima
gripe. Tampoco existe, de hecho, ninguna
prueba objetiva que invalide su diagnóstico
o demuestre su inexistencia.
Aunque
el TDAH existe, es un problema relativamente
leve que desaparece con la edad.
El
TDAH persiste en la vida adulta en un
30-70% de los casos, y sus síntomas también
implican entonces dificultades personales,
familiares y laborales. Además,
su presencia, sobre todo sin tratamiento,
es un factor de riesgo importante para
la aparición de otros trastornos
como ansiedad, depresión y abuso
de drogas.
Si
un niño no es hiperactivo, no
puede tener TDAH.
Aunque
con frecuencia el TDAH asocia síntomas
de hiperactividad e impulsividad, el tipo
predominantemente inatento sólo
presenta sintomatología de inatención,
por lo que las conductas más evidentes
(inquietud, oposicionismo, agresividad)
no están presentes en él.
Por otra parte, las niñas son menos
hiperactivas y menos impulsivas que los
niños, por lo que una niña
afecta de TDAH puede no manifestar de forma
evidente los síntomas conductuales
propios del trastorno.
El
TDAH afecta sólo a los varones.
Aunque
su proporción en varones es cuatro
veces superior, las niñas también
pueden manifestar este trastorno.
El
TDAH se debe a factores relacionados
con alergias alimentarias, aditivos y
colorantes u otros problemas ambientales.
No
existen pruebas científicas que
señalen estos factores como causales
del trastorno, ni tampoco que apunten a
que los tratamientos basados en las restricciones
dietéticas sean eficaces en general.
El
TDAH se debe a la mala educación
proporcionada hoy día por los
padres.
El
TDAH es un trastorno neurobiológico
sin relación alguna en su aparición
con las características familiares.
Si estas son negativas lo agravarán,
pero no son causa suficiente para producirlo.
El
TDAH es un trastorno debido a la forma
actual de vida, que antes no existía
y cuyas cifras están aumentando.
Aunque
es cierto que ciertas características
de la sociedad actual pueden hacer más
patente su presencia (las mayores exigencias
escolares y sociales desde temprana edad,
la menor disponibilidad de soportes externos
para las familias actuales, etc.) no debe
olvidarse que la primera descripción
médica del trastorno data de 1902.
Por otro lado, los datos sobre su presencia
son estables a lo largo del tiempo y similares
tanto en países industrializados
como en países en vías
de desarrollo y del llamado tercer mundo.
El
niño con TDAH necesita clases
especiales.
El
TDAH no afecta necesariamente a la capacidad
intelectual, aunque sus síntomas
sí afectan al rendimiento escolar.
Por ello, los niños con TDAH pueden
precisar intervenciones específicas
de tipo pedagógico, pero no una
ubicación escolar diferente al resto
de los niños de su edad y nivel
de desarrollo.
El
tratamiento farmacológico se utiliza
en el TDAH para sustituir las intervenciones
psicológicas y escolares, más
costosas y eficaces.
Un
reciente estudio llevado a cabo con
más
de 400 niños afectos de TDAH
ha demostrado que el tratamiento multimodal
(la combinación del tratamiento
farmacológico y las intervenciones
psicológicas y escolares) es
el tratamiento más eficaz del
trastorno. En
la comparación del tratamiento
farmacológico
solo frente al tratamiento psicológico
solo, el tratamiento farmacológico
se demostró significativamente
más
eficaz.
Los
psicoestimulantes producen dependencia
o su uso induce la aparición de
dependencias.
El
uso correcto de los psicoestimulantes,
del modo prescrito y a las dosis indicadas,
no produce tolerancia (no deja de ser
eficaz ni es preciso aumentar dosis,
salvo por motivos de peso y edad) ni
dependencia. Además, diversos estudios han demostrado
que los niños en tratamiento desarrollan
con menor probabilidad trastornos por
abuso de drogas en la adolescencia y
la vida adulta.
Los
psicoestimulantes dejan de ser eficaces
en la adolescencia.
Los
estudios realizados en adolescentes señalan
una eficacia de los psicoestimulantes
similar a la que tiene en la infancia
(70-80%).
Los
psicoestimulantes son fármacos
inseguros que producen múltiples
efectos secundarios.
Los
psicoestimulantes son fármacos con
más de 30 años de uso y estudios
que les avalan, y que han demostrado su
eficacia y seguridad en el tratamiento
del TDAH. No existen casos publicados de
muertes por sobredosis o por otros motivos
(a pesar de lo que algunas páginas
en Internet indican), y en la mayor parte
de los casos sus efectos secundarios
son moderados y desaparecen en unas semanas.
El
tratamiento con psicoestimulantes debe
interrumpirse en vacaciones y fines de
semana.
Aunque
los psicoestimulantes tienen efectos
positivos en el rendimiento escolar y
la capacidad atencional, sus efectos
son igualmente positivos sobre el control
conductual del TDAH. Dado que el trastorno
se manifiesta no sólo en el colegio, sino también
en casa y otros entornos, debe mantenerse
a fin de controlar sus síntomas
también en estos ambientes.
Los
psicoestimulantes alteran el crecimiento
(por eso debe interrumpirse periódicamente).
Aunque
los resultados de los estudios sobre
el crecimiento aún no son definitivos,
parece que esta afirmación no es
cierta. En todo caso, los estudios que
hablan de una disminución de la
talla final de los niños tratados
con psicoestimulantes refieren una disminución
de 1 a 3 centímetros, lo que parece
poco significativo comparado con las
consecuencias del trastorno sin tratamiento.
El
TDAH es un trastorno que en la actualidad
se diagnostica y se trata en exceso.
En
España el uso de los psicoestimulantes
ha aumentado unas 6 veces entre el año
1992 y el año 2001, pasando de 0,12
a 0,61 por mil habitantes, lo que en cifras
brutas supone un salto de unas 1.000 prescripciones
para el año 1992 a 4.100 para el
2001 en todo el territorio nacional. Las
cifras de los estudios epidemiológicos
realizados en España indican una
prevalencia del TDAH del 4-6%.
PARTE
SEGUNDA: INTERVENCIÓN EN EL
CONTEXTO ESCOLAR
I.
JUSTIFICACIÓN:
Debido
a las particulares condiciones y características
de los alumnos con Trastorno por Déficit
de Atención con Hiperactividad no
es extraño que tengan más
probabilidades que otros de presentar problemas
de aprendizaje. Según Barkley entre
el 20% y el 30% de los alumnos con TDA-H
tienen algún trastorno de aprendizaje
en matemáticas, lectura o escritura
y alrededor del 58% de ellos deben acudir
a clases de apoyo para reforzar aprendizajes
o comportamientos. Por su parte Joselevich,
Giusti y Heydl señalan
que alrededor del 50% repite curso al
menos una vez y el 35% no completa los
estudios secundarios.
Por
otra parte, estas mismas condiciones
y características
suelen producir efectos altamente nocivos
tanto en el alumno que las sufre (retrasos,
inmadurez, desadaptación, aislamiento,
depresión…), como en el entorno
familiar, social y escolar en el que vive
(descontrol, tensiones, estrés…).
Es
evidente que en los últimos años se
ha constatado una tendencia a sobrediagnosticar
a alumnos que simplemente son inquietos
o nerviosos con la etiqueta de TDA-H (falsos
positivos); y que ello ha contribuido a
inflar en exceso las estadísticas
convirtiendo al TDA-H en una moda diagnóstica;
también es verdad que algunos alumnos
y alumnas con TDA-H no son valorados adecuadamente
y reciben otros diagnósticos o ninguno
(falsos negativos). Las últimas
investigaciones, que eliminan estos errores,
estiman que la prevalencia real del trastorno
entre la población general es de
alrededor del 4%, lo que viene a suponer
que, en el ámbito escolar, en un
aula tipo (ratio de 25) debería
haber al menos un alumno con este trastorno.
Por
otra parte, los estudios realizados hasta
el momento no han encontrado relación entre
el TDA-H y la condición socioeconómica
o cultural de la familia; las personas
con Trastorno por Déficit de Atención
con Hiperactividad se dan en igual proporción en
todos los estratos sociales. De todo ello
se deriva que en cada uno de los centros
escolares públicos o concertados,
urbanos o rurales, del centro de las ciudades
o del extrarradio, es muy probable que
existan tantos alumnos con TDA-H como porcentualmente
les corresponde por matrícula.
Todas
estas razones son suficientes para tomarse
en serio el problema y abordar la atención
a este alumnado de una manera especial
y prioritaria. El entorno escolar es uno
de los ámbitos en el que los alumnos
permanecen durante más tiempo y
donde las dificultades en el desarrollo,
la educación y el aprendizaje social
y académico se manifiestan con más
evidencia. Desaprovechar la oportunidad
de entender qué les pasa y qué necesitan
y de disponer los medios personales, técnicos
y didácticos para ayudarles a mejorar
como estudiantes y como personas supondría
abandonar a estos alumnos (y a sus familias)
a su suerte e incumplir un principio educativo
fundamental: la atención
a la diversidad.
II.
COMPRENDER EL PROBLEMA:
Una
de las injusticias más habituales
que se cometen en el trato con alumnos
con TDA-H es considerarlos responsables
de sus errores y dificultades. Según
Barkley, los problemas que presentan no
surgen de una falta de habilidad sino de
un déficit en el autocontrol.
En las personas con TDA-H los sistemas
cerebrales responsables del autocontrol
y la voluntad no funcionan o lo hacen de
manera inadecuada por lo que mantener unos
niveles normales en estas dos habilidades
básicas les resulta imposible. Según
este autor, los síntomas de hiperactividad,
impulsividad y desatención, aunque
definitorios del trastorno, son secundarios
al déficit en el autocontrol que
los engloba y del que derivan. Este déficit
genera una serie de dificultades y disfunciones
que un profesional de la enseñanza
debe conocer antes de enfrentar la intervención
educativa:
El comportamiento
errático y la irregularidad
en las producciones de estos
alumnos (unas veces buenas y
otras muy deficientes) pueden
crear la impresión de
que son vagos o con una voluntad
de hacer todo mal y transgredir
la norma. En realidad no pueden
mantener (sin ayuda) un patrón
de trabajo y productividad consistente
(para lo que es necesario disponer
de planes o normas preconcebidas).
La influencia que sobre ellos
ejerce el momento o la situación
es tal que cualquier evento extraño
o irrelevante les desvía
de la tarea o del compromiso.
Cuanto más errático
sea el control de impulsos (y
estímulos irrelevantes)
más variabilidad productiva
presentarán.
La dependencia
de la situación que muestran
muy claramente las personas con
TDA-H configura una de sus disfunciones
metacognitivas más relevantes
en el ámbito del aprendizaje:
la dificultad para establecer
o crear motivaciones internas.
La dirección del comportamiento,
la persistencia en el esfuerzo,
la ambición, determinación
o voluntad dependen en estos
alumnos casi exclusivamente de
fuentes externas, por lo que,
si éstas no están
permanentemente presentes o no
tienen la fuerza suficiente,
la producción disminuirá o
desaparecerá sin que nada
lo impida. La ausencia de metas
y la dificultad para establecer
planes y mantenerlos son dos
de las características
fundamentales de estos alumnos.
Los TDA-H
presentan un sentido deteriorado
del pasado y del futuro con un
mal manejo del tiempo y de las
previsiones y consecuencias.
Presentan grandes dificultades
para prever y captar las consecuencias
de sus conductas y ajustar el
comportamiento futuro para alcanzar
objetivos a medio o largo plazo;
en este sentido, necesitan una
especial supervisión y ayuda por
parte de los adultos (incluso en
secundaria) para el manejo de la
agenda (instrumento que les facilita
la secuenciación de tareas
y el reparto de esfuerzos en el
tiempo). Este mismo inadecuado
manejo del tiempo les lleva a mostrarse
especialmente inquietos o descontrolados
durante los tiempos de espera o
cuando se demora la consecución
de recompensas; cuestión
que hay que considerar proporcionándoles
consecuencias de manera muy contingente
(inmediata) y entrenándoles
expresamente en la superación
del estrés que les produce
la demora.
Las personas
con TDA-H presentan un déficit
para inhibir su conducta reactiva
verbal, motriz o social y esperar
antes de responder o actuar.
Antes de actuar, durante la
demora o el tiempo entre acciones,
las personas nos autodirigimos
mensajes internos que regulan
y preparan nuestra ejecución;
las personas con TDA-H presentan
un lenguaje autodirigido deficiente
(menos internalizado y más
dependiente de la situación
y de la gratificación
inmediata). Cualquier estímulo
irrelevante les desvía
del plan de acción previsto
plasmándose este hecho
en el contenido de sus autoverbalizaciones
que se refiere a aspectos no
relevantes ni necesarios para
la tarea.
Un
segundo problema se deriva de esta deficiencia
en el lenguaje autodirigido: la dificultad
para ajustar el comportamiento a las
normas establecidas. Gran parte de la
conducta humana esta guiada por reglas,
instrucciones y planes (vida laboral, social
o académica, proceso de resolución
de problemas…) sin la habilidad
para acomodarse a ellas, combinarlas, modificarlas
o inventar otras nuevas la persona queda
a expensas de la situación y su
variabilidad y se muestra errática,
imprevisible y poco fiable.
Los
programas de autoinstrucciones (para
el control del comportamiento, la resolución
de problemas, la ejecución de tareas
en fases…) y la consideración
de la normativa del aula como contenido
de enseñanza y aprendizaje, con
seguimiento y control continuos, son dos
de las estrategias que se han mostrado
eficaces en la superación de estos
problemas.
Las personas
con TDA-H presentan dificultades
para inhibir sus sentimientos,
para separar los hechos de los
sentimientos que producen y los
acompañan, por ello, su
comportamiento afectivo-emocional
puede parecer inmaduro: son frecuentes
los berrinches, llantinas, risas
o abatimientos ante acontecimientos
aparentemente sin excesiva carga
sentimental. También es
común observar un exceso
de frialdad o literalidad en
el comportamiento afectivo y
social de estos alumnos
De
esta desinhibición afectivo-emocional
y de los problemas que tienen para ajustarse
a las normas sociales se derivan muchas
de las dificultades de índole
social de estos alumnos: hacen
amigos tan rápidamente como los
pierden, resultan molestos a los demás,
adoptan roles excesivamente dependientes
(esclavo, bufón…), utilizan
estrategias de integración inadecuadas
o inmaduras y con frecuencia son aislados,
marginados e incluso acosados por sus compañeros.
Proporcionarles habilidades sociales más
maduras y entrenarles en la contención
y la asertividad resultan medidas eficaces
si van acompañadas, a su vez, de
un trabajo centrado en los valores sociales
de respeto, diversidad e inclusión
con el resto del alumnado.
III.
INTERVENCIONES EDUCATIVAS EN EL MARCO
ESCOLAR:
Si
consideramos en toda su extensión
y profundidad los anteriores apartados, llegaremos
a la conclusión de que educar al
alumnado con TDA-H es una de las tareas
docentes más difíciles, exigentes
y comprometidas; en esta tarea, según
Barkley,
el papel del profesor es fundamental, él
es el punto clave, ni el programa, ni el
centro, ni el número de alumnos,
ni la titularidad del centro son decisivos;
la actitud de afecto, atención y
guía del profesor es el factor determinante
en el éxito o fracaso de estos
alumnos.
La
intervención docente, sin embargo,
nunca debe ser excluyente ni descontextualizada,
el profesor actúa en el marco institucional
y a través de las comisiones y redes
de coordinación que en los centros
escolares se establecen; de esta manera
la intervención del profesor adquiere
coherencia y sentido. La eficacia de la
intervención de cada profesional
aumentará si las decisiones educativas
han sido previamente consensuadas y trascienden
y se encadenan a lo largo de todos los
estamentos y niveles del sistema: escolar:
Institucional:
recursos personales y materiales;
metas y medidas globales.
De Etapa,
Ciclo y Departamento: programación
curricular (objetivos, contenidos,
metodología, evaluación
y organización).
De Aula: Diseño
y puesta en marcha de programas
y estrategias didácticas
adaptadas.
Individualizada:
Adaptaciones Curriculares y Organizativas
centradas en las necesidades
personales y en sintomatología
del trastorno.
1.
R. A. Barkley. “Niños
hiperactivos. Como comprender y atender
sus necesidades especiales” Barcelona.
Paidos. 2002. páginas 107-124.
2.
E. Joselivich (compiladora). “Síndrome
de Déficit de atención
con o sin hiperactividad A.D./H.D.
en niños, adolescentes y adultos”.
Barcelona. Paidos. 2000. Pág.
155.
R.
A. Barkley. “Niños
hiperactivos. Como comprender y atender
sus necesidades especiales” Barcelona.
Paidos. 2002. Página 247.
1. Acciones institucionales
Los
centros escolares tienen la obligación
de ajustar su oferta educativa, y la
exigencia que de ella se deriva, a
las condiciones y características
de la población a la que van
a prestar sus servicios. El 4% de esta
población, con seguridad, va
a presentar necesidades educativas
asociadas al Trastorno por Déficit
de Atención con o sin Hiperactividad,
es obligado por tanto que estos alumnos
sean tenidos en cuenta desde las primeras
decisiones institucionales: los
Proyectos Educativo y Curricular
del Centro.
Estos
documentos deben explicitar los
recursos humanos y materiales,
las estrategias didácticas, los criterios y
procedimientos de evaluación,
la secuencia y organización
de los contenidos y cuantas medidas
se consideren oportunas para atender
a las necesidades de este alumnado.
Además,
la documentación básica
del centro escolar debería incluir
la creación de una estructura
de apoyo (técnico y
laboral) a los tutores y profesores que
se encargan de la atención directa
a los niños con TDA-H lográndose
con ello tres objetivos fundamentales:
Asumir
la responsabilidad profesional
de forma colegiada, repartir
las cargas y coordinar
los esfuerzos entre todo
el profesorado.
Proporcionar
al profesorado que atiende
directamente al alumno
con TDA-H momentos de
descanso y de liberación
de estrés.
Compartir
entre el profesorado los
recursos técnicos
y las estrategias didácticas
que se han demostrado eficaces
para el control del alumno
y la intervención
educativa.
Por
otra parte, la exigencia curricular
de cada centro escolar determina
los criterios por los que considerar
a un alumno como sujeto con necesidades
educativas. El alumnado con TDA-H,
por el mero hecho de serlo, no
tiene por qué presentarlas aunque,
según hemos visto anteriormente,
es más probable que así sea.
Un alumno con TDA-H tendrá necesidades
educativas especiales cuando presente,
asociados a él, trastornos o
retrasos graves en el aprendizaje,
en el funcionamiento personal o en
su socialización. Si
el rendimiento académico, personal
o social de un alumno muestra un claro
deterioro o disfunción manifiesta
debe ser incluido dentro del grupo
de alumnos con necesidades educativas
especiales y ser atendido por el profesorado
especialista y mediante el resto de
medidas curriculares u organizativas
que el sistema educativo prevé para
ellos Adaptaciones Curriculares Individuales,
aulas de apoyo, grupos flexibles…).
Las
necesidades educativas transitorias
o poco generalizadas que muestran
algunos alumnos con TDA-H deberán
ser atendidas (como el resto del
alumnado que las presentan) mediante
los recursos ordinarios disponibles
en los centros, articulando las
ayudas y refuerzos que cada caso
requiera.
De
cualquier manera, y con el objeto
de adelantarse a la aparición de
posibles casos y minimizar los problemas
que de ellos se derivan, el centro
escolar deberá diseñar
medidas preventivas de atención entre
las que se recogerán expresamente:
El
Plan de formación
del profesorado que les
habilite para dar respuestas
más competentes
y eficaces a estas necesidades.
Los
procedimientos, recursos
e instrumentos para el
diagnóstico y
la atención tempranos.
La
inclusión en los
Proyectos Curriculares
de ciclo, nivel y aula,
como contenidos de enseñanza
y aprendizaje, de las
necesidades educativas
típicas del TDA-H:
funciones ejecutivas,
funciones cognitivas,
desarrollo de hábitos
de organización,
orden y planificación,
adquisición de
autonomía y autocontrol,
lagunas en los aprendizajes
básicos o en las áreas…
Los
programas de coordinación
con las familias, con
las asociaciones y con
los profesionales del
CREENA y del Departamento
de Salud.
2. Acciones
en los Programas de Etapa, Ciclo o
Departamento:
A
la hora de elaborar un programa
educativo es prescriptivo conocer
y considerar las condiciones y
peculiaridades de la población a la que va dirigido.
La más que probable presencia
de alumnos con TDA-H en las aulas debe
llevar a los equipos docentes a tomar
medidas que favorezcan y permitan la
adecuación del programa y de
su exigencia a sus particulares características
y necesidades. Algunas medidas que
se han demostrado eficaces en estos
niveles de programación
son:
Establecer
las coordinaciones y las
ayudas interprofesionales:
Creando
una estructura de ayuda
al profesor de atención
directa con nombres y procedimientos
concretos.
Estableciendo
mecanismos de co-responsabilidad
en la atención a
los alumnos.
Programando
actividades concretas de
formación del Equipo
Docente.
Programar
los mecanismos para la
detección y la
evaluación del
alumnado con TDA-H:
Seleccionando
los procedimientos para
la detección temprana.
(ANEXO I)
Determinando
los procedimientos y
responsables de la evaluación
psicopedagógica.
Estableciendo
los criterios para valorar
la entidad y grado de
las dificultades de aprendizaje
y de las necesidades
educativas. (ANEXO II)
Determinando
los ajustes y adaptaciones
en los procedimientos
de evaluación
curricular que permitan
una valoración
más equitativa
de este alumnado.
Concreción
de los criterios de recuperación
y promoción.
3. Acciones
en la programación de Aula
o Área:
Como
ya quedó dicho, son los tutores
y profesores que prestan atención
directa los factores decisivos del éxito
o fracaso escolar de los alumnos con
TDA-H; en su mano está el clima,
la organización y el funcionamiento
de la clase, ellos articulan los valores
sociales (evidentes o soterrados) y
promueven las inquietudes y desánimos.
Los elementos que el profesorado de
aula o área debe programar
para responder a las condiciones
personales y escolares de este
alumnado son, entre otras, las
siguientes:
Adaptación
de la organización
física y social
del aula en función
de los objetivos que
se pretenden y de las
exigencias de cada actividad.
Distribuir
a los alumnos en pupitres
individuales o agrupados.
Establecer
una regulación
de los recorridos habituales
(buscar la mejor ubicación
de los murales, la papelera,
etc).
Regular
mediante normas el uso
del material común
y personal.
Establecer
responsabilidades de
forma rotativa.
Concretar
los procedimientos de
ayuda mutua entre compañeros.
Diseño
y puesta en práctica
de un clima de aula estructurado,
claro y seguro:
Manifestar
expectativas positivas,
actitudes respetuosas;
potenciar la autoestima.
Establecer
normas y límites
explícitos y públicos.
Consecuencias aceptadas.
Ofrecer
modelos correctos y retroalimentación
continua.
Diseñar
y prever los procedimientos
de ayuda personal, afectiva
y emocional en el trato
directo con los alumnos
necesitados de ellas.
Adaptación
de contenidos y actividades:
Adaptar
las tareas académicas
a las capacidades cognitivas
y ejecutivas (de atención,
trabajo y control) del
alumno.
Dividir
cada actividad en una
secuencia de tareas más
cortas.
Aumentar
la novedad, la estimulación
o el atractivo de las propuestas
de actividad y de
las explicaciones (estrategias
didácticas de motivación).
Establecer
rutinas de actividad
con límite
de tiempo (recurrir a señalizadores
visuales o auditivos).
Preparar
propuestas de actividad
para enseñar
a pensar, organizarse,
planificar, demorar la
respuesta…:
Programar
a lo largo de la jornada
descansos funcionales
y cambios de formato
de la actividad o de
la respuesta (anticiparse
a las necesidades de movimiento
del alumno, intercalar
actividades motrices con
las cognitivas, prever
y permitir respuestas gráficas,
orales o mecánicas/motrices…).
Programar
la jornada colocando
en las primeras horas
las áreas
más exigentes; y
en cada sesión en
primer lugar los contenidos
más relevantes.
Mantenimiento de un feed-back
frecuente con consecuencias
muy contingentes y perfectamente
organizadas, sistematizadas
y planificadas:
Programar mecanismos
de refuerzo y ganancia
inmediatos.
Pactar
complicidades (señales
y gestos para reconducir
y valorar).
Seleccionar reforzadores
materiales, sociales o
de actividad potentes y
variados.
Promover
la consecución
individual, grupal o
colectiva de premios.
Aplicar
técnicas
de economía de fichas,
coste de respuesta…
Dedicar
tiempo y esfuerzo a ejercer
la función
evaluadora:
Establecer,
enseñar
y exigir la autocorrección
y autoevaluación
como procedimiento habitual.
Ejercer
constantemente la evaluación
formativa.
Utilizar
procedimientos de evaluación adaptados
(exámenes orales,
exámenes más
cortos, más tiempo
para hacerlos, concreción
de las preguntas…).
Utilizar
los exámenes
como instrumentos de enseñanza
y aprendizaje.
Analizar
en qué momento
de los procesos de aprendizaje/resolución
presenta los problemas
y dificultades y de qué entidad
son.
Planear
los sistemas y procedimientos
a utilizar para el control
del comportamiento disruptivo
(técnicas
de modificación
de conducta, técnicas
cognitivas, aplicación
del reglamento interno,
etc).
Prever
las ayudas personales
a las que recurrir
en caso de que sea
necesario: co-tutorización
del alumno por compañeros
competentes, profesorado
de guardia, profesores
de apoyo… Aplicar
los criterios y mecanismos
programados a la
hora de recurrir
a ellos.
4. Estrategias
didácticas a disposición
del profesorado:
El
trabajo con alumnos con TDA-H en
los centros escolares ha permitido
comprobar la validez y eficacia
de algunas estrategias y medidas
educativas que, aunque están
en el repertorio de cualquier docente
experto, hemos creído conveniente
recopilar como ayuda a aquellos que
se enfrentan por primera vez a este
reto profesional. Son muchos los autores
que ofrecen listas de recomendaciones
o “recetas” para solucionar
problemas concretos o para atender
a los síntomas y problemas propios
de este trastorno; nuestra propuesta
tiene un carácter secuencial
puesto que intenta ofrecer estrategias
en cada una de las situaciones de enseñanza,
desde que el profesor entre en clase
hasta que la abandona, después
de haber explicado, ayudado, hecho
trabajar y evaluado a sus alumnos:
En
este apartado utilizaremos un lenguaje
coloquial puesto que va dirigido expresa
y directamente a compañeros
docentes que sabrán seleccionar,
de entre todas las propuestas, aquellas
que mejor se acomodan a su propia manera
de ser y enseñar y a las
condiciones de su aula y sus alumnos.
(-
A) Un previo: tus actitudes.
Considera
que el alumno no es
culpable de sus dificultades
sino que éstas
tienen un origen neurológico.
Tampoco lo eres tú ni
sus padres; no caigas
en una dinámica
de culpabilización
mutua.
Plantéate
la educación
del alumnado con
TDA-H como un reto
profesional que enriquecerá,
más que cualquier
otra experiencia,
tu competencia profesional.
Ante
los conflictos y problemas
de comportamiento, da
un paso atrás,
no discutas con él,
analiza cual es la finalidad
que el alumno persigue
conscientemente o no) portándose
así y actúa
en consecuencia. Sé activo;
escoge tu manera de interactuar
y responder al alumno y
no te dejes llevar por
los modos del niño.
Plantéale la relación
entre ambos de manera que
los dos consigáis
ganancias (haz con él
pactos y negociaciones,
propónle metas y
construye con él
planes sencillos para alcanzarlas).
No olvides nunca manifestarle
tu confianza y expectativas
de éxito.
Exígele; piensa
que el padecer TDA-H no
exime al alumno del cumplimiento
de responsabilidades; aunque
las consecuencias de no
hacerlo serán diferentes
a las que apliques a otros
alumnos que sí pueden
hacerlo sin ayuda.
Prioriza
los objetivos de trabajo
poniendo en primer
lugar lo que es urgente
e importante para
el desarrollo del alumno
y dejando para otro
momento los asuntos
que no lo son.
Atiende
a las cosas pequeñas
con amabilidad y cortesía.
Presta atención
diferencial de calidad
al comportamiento adecuado
y al esfuerzo.
Recuerda que el castigo
es mucho menos eficaz que
el refuerzo.
Para
iniciar la sesión;
para comenzar las clases.
Entra
en tu clase con el plan
de la sesión
ya elaborado siguiendo
algunos de los consejos
de los apartados anteriores.
Sonríe y espera
a que todo el mundo esté en
su sitio sentado y en relativo
silencio.
No
signifiques ante los
demás a los alumnos “problemáticos”.
No llames la atención
a nadie por su nombre sino
expresa en positivo la
conducta deseada y sus
consecuencias para ti y
los demás: “Si
nos sentamos todos podremos
empezar a trabajar en un
asunto muy interesante
que he preparado”.
Utiliza
estrategias prosódicas
y de dramatización
para capturar su atención
inicial: baja la voz, entona
con vehemencia, gesticula,
presenta el tema como un
misterio por resolver…
Comienza
escribiendo en la pizarra
el título
del tema a tratar y el
esquema general de la sesión.
Pide que lo lean o lo copien.
Utiliza
gestos cómplices
y privados (previamente
pactados con el alumno)
para reconducir su conducta
si es inadecuada. Ignóralo
si intuyes que lo que pretende
es llamar tu atención.
Recuerda: “los
niños que necesitan
más amor siempre
lo buscan de las maneras
menos cariñosas” (Barkley).
Dedica
más tiempo
a proponer actividades
motivadoras que a controlar
la disciplina del grupo;
si consigues lo primero
no tendrás necesidad
de esforzarte en lo segundo.
Coloca, agrupa y distribuye
a los alumnos por el aula
de la forma que mejor se
acomode a la actividad
y a tus objetivos.
Deja
claras las normas de
obligado cumplimiento
(orden, turnos, desplazamientos,
silencio…) señalándolas
si las tienes colocadas
en un mural (como sería
de desear). Aclara también
las ayudas que puedes prestar
y el modo en que se solicitan.
Relaciona
el nuevo contenido con
otros anteriores. Averigua
cuánto saben ya
del tema. Pide que “tu
alumno” vaya escribiendo
en la pizarra estos conocimientos
previos. Relaciona el contenido
con alguna utilidad práctica,
científica o social.
Si
con todas estas estrategias
y tu propia dinámica
docente has conseguido
que tu clase esté preparada
para iniciar la sesión,
agradéceselo y muestra
tus expectativas de logro
y tu satisfacción.
Si no lo has conseguido,
no pierdas tu sentido del
humor y, desde la calma,
adopta otras medidas del ámbito
de la Modificación
de Conducta. Si la situación
se te va de las manos,
deberías considerar
prioritaria la disciplina
en tu programa y dedicar
esfuerzo exclusivo a conseguirla
dejando para más
adelante los contenidos
curriculares ordinarios.
Pide ayuda para ello a
tus compañeros,
al Equipo Directivo y a
los padres; solicita el
asesoramiento del Módulo
de Comportamiento y Superdotación
del CREENA y de los profesionales
de la Salud Mental que
se ocupan del alumno.
A la hora de explicar la
materia o dar instrucciones de
trabajo.
A la hora de explicar
la materia o dar instrucciones
de trabajo.
Elimina
del entorno todos los
distractores (visuales,
sonoros, de actividad…)
que puedan interferir durante
tu exposición. Coloca
a los alumnos en pupitres
individuales mirando todos
ellos hacia la pizarra.
Acerca a los alumnos más
distraídos a las
primeras filas y colócales
junto a otros compañeros
atentos, relevantes e interesados.
Señaliza con marcadores
visuales y/o sonoros el
inicio y el final de estos
momentos didácticos
clave; por ejemplo: mientras
la cartulina roja esté presente,
todo el mundo cierra los
libros y con los brazos
cruzados sobre la mesa
atiende al profesor, cuando
se muestra la cartulina
verde los alumnos pueden
relajar su atención
y dedicarse a preparar
el material de trabajo
para la fase de trabajo
individual o grupal.
Mantén en todo
momento contacto visual
con los alumnos menos atentos.
Pasea por la clase, si
es posible, mientras expones.
Varía tu tono de
voz. ¡No les leas
largo rato, resulta muy
aburrido!
Comprueba
con preguntas frecuentes
que los alumnos van comprendiendo
las ideas y contenidos
que trasmites. Pide que
resuman en voz alta tu
exposición.
Permíteles que planteen
sus dudas pero no te desesperes
ni permitas mofas por alguna
incongruencia o absurdo.
Utiliza
gestos cómplices
previamente pactados con
el alumno para reforzar
su conducta adecuada o
reconducir sus distracciones
sin que los demás
se enteren.
Ten
claros los contenidos
fundamentales de tu exposición
y déjalos clara
y concisamente señalados.
Simplifica al máximo
la información sobre
el procedimiento para hacer
la tarea.
Utiliza
la pizarra para dejar
visualmente claros los
términos fundamentales
de tu exposición
y las fases de la tarea
que propones. Emplea tizas
de colores para sistematizarlos
y ordenarlos. Pide que
sea el alumno el que lo
haga con tu guía.
Utiliza
la pizarra para dejar
visualmente claros los
términos fundamentales
de tu exposición
y las fases de la tarea
que propones. Emplea tizas
de colores para sistematizarlos
y ordenarlos. Pide que
sea el alumno el que lo
haga con tu guía.
Junto
con las instrucciones
ofrece modelos claros de
ejecución. Verbaliza
tu propio pensamiento: “Necesito
este material que preparo
y pongo aquí” (fase
de previsión), “lo
primero que tengo que hacer
es…” (referencia
a la primera fase de la
tarea), “luego
compruebo si lo he hecho
bien y paso a hacer lo
siguiente…” (segunda/tercera… fases
de la tarea), “Cuando
termino, repaso y corrijo
los errores; (fase
de autoevaluación) al
final si todo está bien
lo enseño al profesor” (fase
final).
Durante el trabajo o
estudio individual o grupal.
Establece
en el aula una rutina de
ejecución
con procedimientos estandarizados
y compartidos por todo el profesorado:
mismo formato a la hora de
resolver problemas, misma distribución
de los contenidos en el folio,
similar procedimiento de subrayado
y remarque de ideas principales,
títulos y contenidos
relevantes… Idénticas
rutinas de repaso, corrección
y evaluación de las
actividades.
Plantea
al alumno un Plan de
trabajo para la sesión con todas
las tareas y descansos
distribuidos entre el tiempo
disponible. Esta “hoja
de ruta” será utilizada
por el alumno tachando
las fases ya terminadas
y avanzando por las pendientes
hasta que termina todo
lo propuesto.
Piensa
en los problemas de tu
alumno y fracciona la
propuesta de actividad
general en actividades
más cortas. Establece
marcadores para cada fase
o actividad y haz que el
alumno vaya cumpliéndolas
una tras otra realizando
las rutinas de ejecución,
repaso, corrección.
Refuerza
diferencialmente con
alabanzas públicas
a los alumnos que se muestren
concentrados en sus tareas
durante un tiempo suficiente;
acércate al alumno
distraído y tócale
levemente en el hombro
indicándole sutilmente
que vuelva al trabajo,
agradéceselo con
una sonrisa.
Aplica
descansos funcionales
cuando veas que el alumno
muestra señales
de fatiga o necesita moverse:
envíale a hacer
un encargo, haz que reparta
material entre sus compañeros,
pídele que ordene
una estantería,
que borre la pizarra o
vaya a sacudir el borrador;
que se mueva pero con sentido
práctico y utilidad
común. Detén
la actividad y realiza
un pequeño ejercicio
de relajación o
de movilización
física o un juego
social sencillo; luego
haz que vuelvan a trabajar.
Coloca
al alumno con TDA-H al
lado de un compañero
con estrategias ejecutivas
adecuadas y buen nivel
de concentración;
haz que trabajen juntos
en algunas tareas y entrena
al alumno competente en
la supervisión de
su compañero. Refuérzalos
cuando cumplan con lo establecido.
Antes
de que exijas al alumno
tareas que impliquen
habilidades de representación
o simbolización
preocúpate de que
haya realizado suficientes
actividades de manipulación
y que comprende el significado
de los símbolos,
códigos y claves
de representación
(significación numérica,
algoritmos, tablas, léxico…).
Realiza
con el alumno numerosas
prácticas
guiadas siguiendo el modelo
de ejecución que
le has dado. Utiliza a
otros alumnos (más
expertos) para que hagan
de guías en estas
prácticas. Solamente
cuando el procedimiento
a aprender esté suficientemente
asimilado haz que el alumno
pase a la fase de práctica
autónoma (sin ayuda).
La generalización
del aprendizaje a otras
situaciones y contenidos
precisará de nuevas
ayudas que deberás
prestarle expresamente:
listas de aplicaciones
del procedimiento aprendido…
Durante
la práctica
guiada y la práctica
autónoma observa
de qué entidad son
los errores que suele cometer
el alumno: olvidos de fases,
distracciones, carencia
de orden, lagunas en el
contenido, fallos de cálculo,
problemas a la hora de
relacionar, comparar… irreflexión,
dificultades en la comprensión,
etc. Infórmale sobre
ello y ayúdale a
mejorarlos.
Propón a la clase
actividades cooperativas
formando grupos de trabajo
con papeles claramente
diferenciados en los que
todos deben aprender algo,
intercálalas con
otras competitivas individuales
y grupales. Organiza presentaciones
de temas y trabajos en
formato conferencia por
grupos o individualmente.
Permite
e impulsa el uso de medios
auxiliares para el aprendizaje
Visual (mapas, gráficos,
pizarra, ordenador); Global
(mapas conceptuales, resúmenes,
esquemas); Auditivo (lectura
en voz alta, exposiciones,
grabaciones); y Manipulativo
(calculadora, ábacos,
materiales didácticos,
juegos, experimentos).
Enséñale
a tu alumno técnicas
mnemotécnicas para
ayudarle a memorizar datos
y contenidos (metáforas
visuales, acrónimos…),
ejercítalo en su
uso.
Potencia
las relaciones sociales
positivas durante la
ejecución de
tareas individuales o grupales:
prestigia al alumno ante
el grupo proporcionándole
tareas en las que es competente
y pueda ayudar a otros,
hazlo protagonista de sus éxitos;
prepárale para responder
con acierto ante el grupo;
cambia y diversifica los
criterios de agrupamiento,
enseña y entrena
valores sociales y habilidades
de relación interpersonal;
no permitas menosprecios
ni desvalorizaciones.
En
el momento de preparar
los exámenes y
realizar las evaluaciones.
Antes
de nada piensa que si,
a la hora de diseñar
los exámenes o evaluar,
no tienes en cuenta las
condiciones de tus alumnos
con TDA-H, los estarás
penalizando dos veces;
una, por los errores que
cometan debido al (posible)
poco estudio, y otra, por
los que les lleve a cometer
su propio trastorno (olvidos,
fatiga neurológica,
distracción, dificultades
para globalizar…).
Centra
tu función
evaluadora en procedimientos
de evaluación formativa;
considera que las pruebas
y exámenes son un
instrumento más
de enseñanza y aprendizaje
(muy frecuentemente desaprovechado).
Enseña a repasar
y a autocorregir, señala
los errores no percibidos
y explica lo que no sepan.
Haz que repitan el examen. ¡No
sólo lo harán
mejor sino que habrán
aprendido más!.
Enseña a
tus alumnos a preparar
los exámenes y trabajos trabajando
expresamente la organización
y planificación del tiempo
de estudio. Asegúrate de que
este plan queda reflejado en su agenda
y de que va cumpliendo los plazos
(tutoría).
Enseña a tus alumnos
a preparar los exámenes
y trabajos trabajando expresamente
la organización
y planificación
del tiempo de estudio.
Asegúrate de que
este plan queda reflejado
en su agenda y de que va
cumpliendo los plazos (tutoría).
Procura
que los exámenes
y pruebas que diseñas
no sean largos. Hazlos
más frecuentes pero
más cortos.
Ofrece
la oportunidad de hacer
los exámenes
individualmente y en privado
a aquellos alumnos que
rinden mejor en estas situaciones.
Permite que se “encierren” durante
un tiempo a repasar el
contenido.
Sé muy claro a
la hora de plantear las
cuestiones; si es preciso
escribe de otro color la
parte esencial de cada
una (o subráyalas).
Procura hacer una lectura
en voz alta de las preguntas
para garantizar que todos
las comprenden por igual
y que no hay errores por
lectura precipitada o irreflexiva.
Aclara las dudas.
Evidencia
al comienzo el tiempo
disponible para la prueba
y ve anunciando cuando
deben haber terminado
cada una de las cuestiones.
Permanece en todo momento
cerca del alumno. El rendimiento
mejora con la presencia
de un adulto relevante,
aunque no le preste atención
expresa.
Algunos
alumnos con TDA-H tendrán
dificultades para descomponer
un concepto global
en partes, otros para
agrupar informaciones
en un todo global,
por tanto, además
de enseñar estar
funciones cognitivas
en tu clase, no diseñes
siempre exámenes
en formato tema o preguntas
largas; plantea también
pruebas de respuesta
corta o de opción
múltiple.
Las
pruebas orales proporcionan
mucha información
sobre cuánto
y cómo saben
los alumnos; hazlas
habituales en tu aula
quitándoles
la carga de estrés
que suele acompañarles.
Realízalas en
público y en
privado.
Diseña algunos
exámenes largos
o en formato tema de manera
que sean realizados en
pequeño grupo. Utiliza
esta estrategia para que
aprendan más y mejor
y para motivarles. Valora
y refuerza esfuerzos tanto
como productos.
Corrige
los exámenes
procurando analizar la
entidad y carácter
de los errores, anótalos
e informa al alumno sobre
ello y tus conclusiones.
Ofrécele alternativas
para mejorarlos.
Llama
individualmente al alumno
para comentarle tu valoración y
todas las puntualizaciones
que creas conveniente.
Comunícale sólo
entonces su calificación.
Si ha sido negativa proponle
un plan para mejorar, ofrécele
ayudas concretas y muestra
expectativas favorables
(tutoría)
Si
los suspensos son muy
numerosos o generalizados
decide, en coordinación
con el resto del equipo
docente, las medidas de
atención específicas
o extraordinarias que vais
a poner en marcha: asistencia
al aula de apoyo, elaboración
de adaptación curricular,
refuerzo escolar, grupos
flexibles…, llama
al alumno y hazle consciente
de su situación,
pídele que explique
los motivos de su bajo
rendimiento y comunícale
vuestra decisión.
Haz pactos de esfuerzo
mutuo.
La
enseñanza de
las funciones ejecutivas:
planificación, organización…
Dedica
un tiempo diario (semanal
en secundaria) a enseñar a tu alumno
a tener ordenado el pupitre,
su mochila y el material
escolar; ocúpate
de establecer un orden
claro en el contenido de
los cuadernos (separación
de asignaturas, días
y sesiones). Vigila la
ubicación correcta
de las fichas y trabajos
en los ficheros adecuados.
Supervisa estas acciones
como si fueran uno más
de los contenidos de enseñanza/aprendizaje.
Habitúa al alumno
a llevar un registro de
todas las tareas, exámenes
y trabajos pendientes en
su agenda. Comunica a la
familia estas cuestiones
a través de ella.
Supervisa frecuentemente
la situación de
la agenda y el cumplimiento
de los plazos de estudio
que en ella se prevén.
Asegúrate que en
cada sesión el alumno
anota las tareas y exígeselo
si no lo hace.
Plantea
las tareas y trabajos
de clase como proyectos
que exigen la elaboración
de planes y reserva un
tiempo para que los hagan:
materiales que necesito,
acciones que debo emprender,
ayudas que tengo que
buscar, niveles que tengo
que conseguir, tiempos
disponibles y horario/calendario
de trabajo. Forma, ocasionalmente,
grupos o parejas con
objetivos comunes para
el trabajo conjunto.
Trabaja
las técnicas
de estudio (subrayado,
resumen, mapas conceptuales,
listado de relaciones conceptuales,
recursos mnemotécnicos,
secuencia de hechos o ideas,
etc.). Aplícalas
en las asignaturas y luego
tenlas en cuenta en los
exámenes.
Dedica
tiempos en algunas sesiones
a profundizar en la capacidad
de analizar y corregir
el error y de cambiar
de estrategia de resolución cuando
la usada se muestra ineficaz:
Actividades de búsqueda
del error (en textos, problemas,
dibujos…); actividades
de búsqueda de alternativas
(otra operación,
otra palabra, otra solución…)
Ofrece
a tus alumnos modelos
de razonamiento y de
exposición
de los procesos mentales
y ejercitarlos para que
hagan lo mismo; utiliza
para ello algún
programa de autoinstrucciones
(solicita ayuda a tu Orientador
o al Módulo de Comportamiento
y Superdotación
del CREENA), Invita a tus
alumnos a que hagan presentaciones
de contenidos novedosos
y temas de forma grupal
o individual.
Cuando el comportamiento
es lo prioritario.
Ten
muy en cuenta que, según todos los
estudios, los alumnos no
perturbadores no tienen
por qué estar ocupados
en aprender, pero los ocupados
en aprender no suelen ser
perturbadores. De ello
se deduce que insistir
en el comportamiento no
produce beneficios en el
aprendizaje, pero si se
recompensa y potencia el
rendimiento académico
la mala conducta debería
disminuir.
Analiza,
con la ayuda de otros compañeros y del
Departamento de Orientación,
la entidad de los problemas
de comportamiento que hay en
tu aula: quiénes los
presentan, cuándo, en
qué momentos, con qué finalidades,
etc. y elaborar entre todos
un plan de trabajo.
Reúnete con los
alumnos problemáticos
y plantéales la
situación y el análisis
que habéis hecho.
Pide que expliquen sus
motivos y pacta con ellos:
Piensa que en los pactos
los dos bandos tienen que
ganar algo; ofréceles
compensaciones.
Mantén un clima
de relaciones positivo.
En tus expresiones durante
el conflicto no agredas,
juzgues ni desvalorices
(quizá eso es lo
que pretenden); no tengas
miedo a mostrar tus sentimientos
(de incomodidad, desagrado,
desilusión, fatiga,
pérdida de tiempo,
etc.).
Elabora
en el aula con la participación
de todos un programa de
normativa y disciplina
con objetivos claros y
consecuencias consensuadas.
Dedica unas sesiones a
plasmarlo y luego ponlo
en marcha registrando el
funcionamiento grupal e
individual en algún
gráfico tipo Economía
de fichas - Coste de respuesta.
Solicita ayuda para ello
al Orientador o al Módulo
de Comportamiento y Superdotación
del CREENA.
Selecciona
algunos procedimientos
de entre las Técnicas
de Modificación
de Conducta para utilizarlos
en momentos y ante conductas
determinadas y aplícalos
consistente y sistemáticamente.
Solicita ayuda para ello
al Orientador o al Módulo
de Comportamiento y Superdotación
del CREENA.
Las
sanciones previstas en
los Reglamentos de Régimen
Interno suelen estar desprovistas
del carácter educativo
que debería impregnarlas.
Si es así, colabora
con el resto del centro
en la elaboración
de unas consecuencias realmente
educativas de manera que
su aplicación enseñe
al alumno a comportarse
mejor: Si ha agredido que
repare el daño ayudando
a la persona agredida,
si ha destrozado que arregle,
si ha desordenado que limpie,
si hay que retirarlo del
aula será a trabajar
en otro sitio, si ha de
ser expulsado (y no hay
otra opción) tendrá que
realizar tareas que enseñará diariamente
en el centro (es preciso
para ello el consenso con
la familia), etc.
Cuando
lo más
importante es el desarrollo
social y afectivo-emocional.
Las
personas desarrollamos nuestra
competencia social a través de las experiencias
naturales en las que vivimos y comprobamos
los límites y consecuencias
de la conducta interpersonal así como
su eficacia para solucionar problemas
y convivir.
Muchos
de nuestros alumnos con NEEs y
entre ellos especialmente los que
presentan trastornos del comportamiento
(TDAHs, Negativismos Desafiantes,
Disociales…)
no responden con tanta eficacia a los
estímulos y experiencias interpersonales
y no llegan a alcanzar la competencia
suficiente para hacerlos socialmente
autónomos y eficaces. Para ello
necesitarán de nuestra ayuda:
Piensa,
ante todo, que las
habilidades sociales
solamente se adquieren
y consolidan si se
dispone de oportunidades
para ejercerlas.
Tómate muy en
serio el Plan de Tutoría:
Programa actividades (dramatizaciones,
discusiones, grupos cooperativos…)
que fomenten el conocimiento
y experiencia del otro
y de uno mismo. Ayúdales
a analizarse, a valorarse
con criterio y a tomar
decisiones.
Programa
algunas de las actividades
de las distintas áreas
en formato grupal (trabajo
por parejas, tríos…).
Durante los primeros momentos
busca el éxito,
la cohesión y la
satisfacción del
grupo y no tanto el rendimiento
curricular.
Diseña actividades
sociales (juegos, rol-playing…)
en las que los alumnos
deban contactar física
y emocionalmente; algunas
puedes intercalarlas entre
las actividades curriculares
para que, además,
sirvan de descanso y relajación;
ayuda a tus alumnos a practicarlas
durante los recreos. Si
lo crees conveniente solicita
el asesoramiento del Módulo
de Conducta del CREENA
Proporciona
ayudas a los alumnos
que van a tener más dificultades:
agrúpalos con alumnos
competentes y colaboradores,
concreta bien el trabajo
de cada cual, establece
claramente las fases de
la tarea, delimita el tiempo
de ejecución, mantente
próximo, ofrécele
tu guía, reconduce
sus distracciones…
Crea
en tu aula un buzón
de quejas y reclamaciones
que permita a los alumnos
expresar sus inquietudes
y necesidades. Dedica un
tiempo a resolverlas. Si
el autor se identifica,
llámalo y trabaja
conjuntamente con él.
Presta
atención
al estado emocional de
tus alumnos; observa si
se han producido cambios
en el humor habitual (tristeza,
llanto, bajón en
el rendimiento, absentismo
injustificado, somatizaciones…);
analiza los roles desempeñados
(bufón, sumiso…),
registra las conductas
de aislamiento y marginación.
Mantente
atento a la existencia
de mofas, insultos, ridiculizaciones...
agresiones físicas, acoso… entre
tus alumnos; desenmascara
públicamente al
autor haciendo referencia
a su falta de ética
y respeto. Ponte en marcha
en cuanto observes que
siempre van dirigidas hacia
las mismas personas: informa
al Equipo docente y solicita
la ayuda de la Asesora
de Convivencia del Departamento
de Educación.
Diseña un programa
para el desarrollo de las
habilidades sociales para
aquellos alumnos que no
las han adquirido de manera
espontánea; puedes
utilizar como referencia
alguno de los publicados
(PEHIS de Inés Monjas,
etc.).
Programa
salidas, excursiones
y convivencias o anima
a tus alumnos más
necesitados a participar
en las organizadas en el
barrio por las distintas
asociaciones. Comenta con
las familias estas necesidades
y soluciones.
IV.
BIBLIOGRAFÍA UTILIZADA Y
DE UTILIDAD PARA CONSULTAR
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“Niños
hiperactivos. Como comprender y atender
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