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Este equipo colabora con aquellos centros que realizan una demanda de intervención respecto a alumnado con NEEs asociadas a discapacidad psíquica:

DISCAPACIDAD INTELECTUAL
DEFINICIÓN Y CONCEPTO
DEFINICIÓN DE DISCAPACIDAD INTELECTUAL (AAMR)


El término “discapacidad intelectual” equivale al que en documentos y tratados de organismos como la Asociación Americana del discapacidad intelectual (AAMR), Asociación Americana de Psiquiatría (APA), Organización Mundial de la Salud (OMS)... se recoge como “discapacidad intelectual”.
La AAMR (2002) define la discapacidad intelectual como “...discapacidad caracterizada por limitaciones significativas en el funcionamiento intelectual y en la conducta adaptativa que se manifiesta en habilidades conceptuales, sociales y prácticas. Esta discapacidad comienza antes de los 18 años.”
El desarrollo intelectual estará relacionado, según este organismo, con las siguientes dimensiones:
- Capacidades intelectuales
- Conducta adaptativa (conceptual, social y práctica)
- Participación, interacciones y roles sociales
- Salud (salud física, salud mental, etiología)
- Contexto (ambientes y cultura)

CONCEPTO DE NEE

Se considera que un alumno tiene necesidades educativas especiales (NEE) cuando presenta dificultades mayores que el resto de los alumnos para acceder a los aprendizajes que se determinan en el currículo que le corresponde por su edad (bien por causas internas, por dificultades o carencias en el entorno sociofamiliar o por una historia de aprendizaje desajustada) y necesita, para compensar dichas dificultades adaptaciones de acceso y/o adaptaciones curriculares significativas en varias áreas del currículo (C.N.R.E.E./M.E.C., 1992).

Esta concepción no supone un cambio de nombre para referirnos a la misma persona sino un cambio en la forma de entender a esa persona. Se pone el énfasis en el contexto partiendo de la idea de que cualquier persona, con o sin discapacidad, desarrolla de mejor manera su potencial evolutivo en un entorno rico en estímulos y con las ayudas precisas. Por lo tanto, es deber de la comunidad educativa ajustar la respuesta de este ámbito a las necesidades que presenta, en este caso, el alumnado con discapacidad psíquica.

Desde este parámetro, la definición de alumnado con NEE se aplica bajo unas premisas esenciales a tener en cuenta:

- El contexto típico de los iguales en edad y cultura.

- La diversidad cultural y lingüística; las diferencias en comunicación y en aspectos sensoriales, motores y comportamentales.

- Las capacidades que, junto con las limitaciones, coexisten en la persona.

- El propósito de describir las limitaciones en función del perfil de apoyos necesarios.

- La creencia de que, por lo general, con la disposición de los apoyos personalizados oportunos durante un periodo prolongado, el funcionamiento en la vida de la persona mejorará.

El referido cambio de paradigma supone un planteamiento multidimensional que implica un giro determinante en el proceso de evaluación, dirigido a la búsqueda de información sobre necesidades individuales en distintas dimensiones que luego han de relacionarse con los niveles de apoyo apropiados. Se trata de unificar evaluación e intervención, teniendo en cuenta aspectos personales y ambientales (hogar, colegio, entorno comunitario y, en el futuro, laboral...) que pueden variar a lo largo del tiempo.

La evaluación, así entendida, cumpliría funciones de diagnóstico, de diseño del currículo y determinación de sistemas de apoyo. Nos permite determinar los apoyos en intensidad y duración (intermitentes, limitados, extensos y generalizados o continuados) y las personas que habrán de dispensarlos, para llegar a concretar el plan individualizado.

Como ya ha quedado dicho, sea cual sea el grado y tipo de discapacidad, todos los alumnos desarrollarán capacidades siempre y cuando el contexto educativo y social proporcione respuestas educativas ajustadas a sus características y necesidades.

CLASIFICACIÓN

Entendiendo la clasificación como útil para definir necesidades y apoyos, se puede hacer referencia a los siguientes grados de discapacidad que se recogen en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-IV-TR). Estos serían:

discapacidad intelectual leve

discapacidad intelectual moderada

discapacidad intelectual grave

discapacidad intelectual profunda / pluridiscapacidad

discapacidad intelectual de gravedad no especificada

Discapacidad intelectual leve. Se incluyen en la misma los alumnos cuya medida en C.I., sin llegar a 55 – 50, se sitúa por debajo de 75 – 70 (unas 2 desviaciones típicas por debajo de la media, con un error de medida de aproximadamente 5 puntos). Acerca de ese tramo límite por arriba, en el DSM IV TR se indica que se podría diagnosticar discapacidad ligera con un cociente intelectual entre 70 y 75 si existe déficit significativo en conducta adaptativa, pero no cuando no exista.
Los alumnos con discapacidad intelectual ligera suponen, aproximadamente, un 85 % de los casos de discapacidad intelectual. Por lo general, suelen presentar ligeros déficits sensoriales y/o motores, adquieren habilidades sociales y comunicativas en la etapa de educación infantil y, con frecuencia, no se diferencian de sus iguales por los rasgos físicos. A lo largo de la enseñanza básica, suelen llegar a adquirir aprendizajes instrumentales y algún grado de conocimientos académicos.
Es alumnado cuyas necesidades educativas están recogidas en los Planes de Atención a la Diversidad de todo centro educativo por lo que no suelen requerir la intervención del Equipo de Psíquicos salvo en el asesoramiento a estructuras para su atención en Secundaria y en Formación Profesional.

Discapacidad intelectual moderada. En línea con lo comentado, se situaría en el intervalo de CI entre 55 – 50 y 40 – 35. Lógicamente, con este nivel intelectual, las posibilidades adaptativas de los alumnos suelen verse muy afectadas en todas las áreas de desarrollo. Como grupo suponen alrededor del 10 % de toda la población con discapacidad intelectual.
Los alumnos de este grado suelen desarrollar habilidades comunicativas durante los primeros años de la infancia y, durante la escolarización, pueden llegar a alcanzar algún grado de aprendizajes instrumentales. Suelen aprender a trasladarse de forma autónoma por lugares que les resulten familiares, atender a su cuidado personal con cierta supervisión y beneficiarse del adiestramiento en habilidades sociales.

Discapacidad intelectual grave. Se sitúa en el intervalo de CI entre 35 – 40 y 20 – 25 y supone el 3 – 4 % del total de la discapacidad. Las adquisiciones de lenguaje en los primeros años suelen ser escasas y a lo largo de la escolarización pueden aprender a hablar o a emplear algún signo de comunicación alternativo. Las posibilidades adaptativas están muy afectadas en todas las áreas de desarrollo, pero es posible el aprendizaje de habilidades elementales de cuidado personal.

Discapacidad intelectual profunda / pluridiscapacidad. La mayoría de estos alumnos presenta una alteración neurológica identificada que explica esta discapacidad, la confluencia con otras (de ahí el término pluridiscapacidad que aquí se le asocia) y la gran diversidad que se da dentro del grupo. Ello condiciona el hecho de que uno de los ámbitos de atención prioritaria sea el de la salud física. El CI de estos alumnos queda por debajo de 20 – 25 y son el 1 – 2 % de la tipología.
Suelen presentar limitado nivel de conciencia y desarrollo emocional, nula o escasa intencionalidad comunicativa, ausencia de habla y graves dificultades motrices. El nivel de autonomía, si existe, es muy reducido. El cuadro supone un continuo que abarca desde alumnos “encamados”, con ausencia de control corporal, hasta aquellos que adquieren muy tardíamente algunos patrones básicos del desarrollo motor.

CARACTERÍSTICAS, NECESIDADES Y APOYOS

En relación con la comprensión y el alcance de los términos empleados, conviene tener presente que, entre las personas afectadas, existe una variabilidad tan rica como en cualquier otro grupo humano definido por características cualesquiera, y que lo que aquí se asume en cuanto a delimitación, como necesario para unificar conceptos y referencias, no debería obrar nunca en perjuicio de la persona individual con sus circunstancias concretas. En ese sentido, no nos cansaremos en insistir acerca de que la evaluación no debe ser mera “etiquetación” sino un proceso dirigido a la determinación de necesidades y provisión de recursos.
Con un objetivo de sistematización, se incluyen a continuación cuadros en los que se detallan características de las que se derivan necesidades prioritarias, a las que hay que dar respuesta desde el ámbito educativo. Al hablar de características se quiere hacer alusión a las condiciones individuales que definen al alumno en un momento dado. Aunque son el resultado de la historia personal en las dimensiones biológica, psicológica y social, son susceptibles de cambio en función de las experiencias educativas actuales y futuras. Los cuadros recogen, por una parte, las características más significativas en términos de capacidades básicas diferenciadas en cada tipología y, por otra, las necesidades / ayudas más relevantes que se derivan de ellas.